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LA BATALLA CONTRA EL NEOLIBERALISMO

por TAM Argento

Más allá de la cuestión económica el modelo neoliberal es, ante todo, una postura cultural, una serie de enunciados que conforman unas creencias casi religiosas que vemos profesar a buena parte de nuestros economistas y gobernantes a pesar que los hechos se encargan cotidianamente de demostrarles que sucede justamente lo contrario a lo que ellos vaticinan que sucederá con sus políticas. Ese credo es el que se repite como mantra tanto en universidades como en los medios de comunicación, y de tanto repetirlo hay muchos que se lo creen, y otros que a la larga lo perciben como algo natural, lo cual es reforzado por la negación de otros modelos posibles, haciendo que este modelo único sea el que finalmente se instale en “la calle”. o sea el imaginario colectivo.

Es por ello que la batalla contra ese modelo -que mejor cabría definir como “sistema” por lo que implican los vastos alcances de su red de creencias en otros campos- es básicamente cultural y comunicacional, parafraseando a la tardía estrategia de los EEUU en Viet Nam es una “batalla por las mentes y los corazones” y no solamente por una cuestión puntual como lo puede ser la inflación o la deuda, que son importantes como herramientas de ese sistema y por eso hay que discutirlas, pero que no dejan de ser solo eso, herramientas, y entonces la cuestión de fondo y medular a debatir es cual es el modelo de sociedad que se quiere construir con tales herramientas.

Esa es la batalla principal que hay que librar, desnudar las intenciones y fines que se esconden tras la búsqueda de la imposición de ese modelo, ya que una vez esclarecida la sociedad sobre esto será ella misma la que organice su resistencia, como lo ha hecho en su momento o lo está haciendo ahora con movimientos alternativos que proliferan por los países con este tipo de gobiernos, y tras esa lucha pueda ir pensando y construyendo una alternativa superadora. Aunque en ese proceso también se deberán parecer el correr tras algunos espejismos, experiencias fallidas o falsas alternativas plantadas por el mismo sistema, y hay que ser consciente también de ello para no desanimarse y mantener alta la guardia y seguir construyendo hasta lograr lo que se busca.

Por lo dicho, hay que ser conscientes que queramos o no somos parte de esta batalla, y que lo peor que puede pasarle a alguien es ser parte de un combate que no eligió ni sabía que se estaba librando, porque eso implica ser instrumento involuntario (“forro útil” diríamos en mi barrio) de intereses ajenos, que lograrán sus beneficios a costa de nuestro esfuerzo y pérdidas. Como es imposible salirse de esta batalla porque ello implicaría irse a vivir a una isla desierta o a un planeta deshabitado, necesariamente se debe tomar partido por alguna de las posiciones, y aquí sobreviene otro asunto, que es elegir de que lado estar. Para esto Perón tenía una definición que aplicaba a la posición de los militares ante un golpe de Estado, decía que ante una definición por si había que darlo o no por lo general un 20% estaba de acuerdo, otro 20% en desacuerdo, y el restante 60% esperaba a que la pugna entre las posiciones anteriores se resolviera para optar por el bando ganador. Sacando a ese 60%, el 40% restante ha optado apoyar claramente a un bando porque lo representa en sus intereses reales y concretos, o en lo que imagina pueden ser sus intereses, un error de apreciación de su situación particular que hace que aspire a lograr cosas que le son inconvenientes.

Mucho de esto último ha sucedido con los efectos de esta campaña de pensamiento único que hizo creer a demasiadas personas trabajadoras -sean empleados, pequeños comerciantes, industriales medianos, o chacareros con escasa tierra- que un gobierno de corte neoliberal podría representar sus intereses. Pedirle peras al olmo jamás fue un negocio productivo, y menos cuando se le pide al verdugo que vele por los intereses del condenado, tal vez haya que agregar a la colección de zonceras argentinas la de creer que un gobierno de oligarcas, terratenientes, CEOs de multinacionales y financistas podían trabajar en pos del interés nacional y del bienestar de la población y no en su expoliación para su propio y exclusivo beneficio. Ello fue posible solamente a partir de implantar en estos trabajadores la idea de que no lo eran, por lo cual encontramos hoy a kiosqueros que se creen que son empresarios, a repartidores de pizza y choferes explotados creyendo que son emprendedores porque deben facturarle sus servicios a un multinacional, a estudiantes universitarios empleados precarizados de call centers que creen serán los próximos CEO que podrán explotar en el futuro a sus propios compañeros como ellos son hoy explotados, o a jovencitas descendientes de indígenas o gauchos lookeadas con ojos postizos celestes y teñidas de rubio para asemejarse a las modelos de TV, queriendo emular cholulamente sus modismos de high class a pesar de poder a duras penas costear la recarga de la tarjeta SUBE, de la misma forma que esas modelos de TV pretenden emular cholulamente a las modelos europeas y hollywoodenses.

Estas falsas creencias sobre el propio ser y condición es lo que se llama “desclasamiento”, que no es más que una consecuencia del proceso de alienación de la realidad propiciado por el sistema dominante que produce que la gente crea que es lo que no es, y que además persiga los intereses de quienes cree ser a pesar de no formar parte de ese selecto club, en el cual obviamente será rechazado cada vez que se presente. Esta falsa creencia supone que persiguiendo los mismos gustos y elecciones de los modelos a los que se aspira ser se logrará ser -aún simbólicamente- como ellos, y la realidad demuestra inexorablemente que los resultados no solo son decepcionantes porque la real situación de cada uno emerge a la corta o a la larga, sino también lastimosos desde lo humano (nada más penoso que ver o escuchar a alguien fingiendo una grandeza que no se tiene o renegando de ser lo que se es), y, lo peor, nefastos socialmente, ya que ese desclasamiento hace que se corten los vínculos solidarios con las personas que viven en su misma condición social, y naturalizan un comportamiento social digno de esquizofrenia, o sea un trastorno mental que afecta la capacidad de una persona para pensar, sentir y comportarse de manera lúcida que muchas veces se manifiesta en no poder mantener la coherencia entre la personalidad y realidad que se vive.

Los resultados de este fenómeno son los que hoy vivimos, en una crisis que ya ha superado ampliamente lo económico o financiero, ya que se manifiestan también en lo social, lo cultural y lo institucional, llegando a afectar a la misma esencia de la condición de humanidad, de lo que significa ser una persona humana, y el sistema de valores que gira alrededor de ello. Entonces la batalla contra el neoliberalismo es la batalla por la recuperación de la esencia de lo humano, la batalla por la humanidad, y por ello no podemos equivocarnos en el lugar que asumimos en ella ni hacernos los distraídos porque las consecuencias serán nefastas no solo para nosotros sino también para el resto de nuestros seres queridos.

Saludos. Ernesto

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1 Comentario en LA BATALLA CONTRA EL NEOLIBERALISMO

  1. Excelentes reflexiones, estimado Ernesto. Leyendo el artículo pensaba que ese fenómeno de “desclasamiento” que sufre buena parte de los argentinos que, entre otras cosas, provoca que gente de clase media o baja vote oligarcas y terratenientes, es el mismo que se presenta a nivel Gobierno en las Relaciones Internacionales cuando una fuerza política neoliberal se hace cargo del mismo, por lo menos en nuestro país. Es decir, esta idea de “volver al mundo”, de alinearse incondicionalmente a EEUU, de subordinarse a sus mandatos, buscando formar parte de ese “mundo libre” y globalizado que hasta hace unos años dominaba en Occidente, hace creer a los gobernantes argentinos que ahora formamos parte del club de las Naciones Civilizadas y que, por ello mismo, estas nos van a tratar como tal, proporcionándonos inversiones y apoyo económico. Sin embargo, la realidad es que para las potencias nosotros nunca vamos a dejar de ser más que un simple patio trasero o un abastecedor de materias primas.

    Algo parecido a esto fue lo que pasó en Malvinas cuando la Dictadura consideró que por inscribirse dentro de la estrategia política, económica y de seguridad desplegada por EEUU en toda la región, el país pasó a ser un socio más de aquel, y por lo tanto, para EEUU, apoyar al Reino Unido o a la Argentina en el conflicto era una elección entre socios. Desde ya que aquello no fue más que una ilusión propia de un pensamiento colonizado presente en los que gobernaban en aquel momento ya que no solo EEUU prestó apoyo importante al Reino Unido sino que hay muy buenos estudios que estiman que ambas potencias anglosajonas llevaron premeditadamente a la Argentina a la guerra para resolver el conflicto territorial por Malvinas en favor del Reino Unido y justificar así la instalación de una base militar de la OTAN en un contexto en que la URSS comenzaba a expandirse por los mares y comenzaba a tener presencia en el Atlántico Sur al instalarse en Angola.

    Es evidente que hay una pérdida de valores trascendentales que le dan una identidad colectiva a un comunidad. El consumismo, el materialismo, el fomento de la competencia, la meritocracia, el individualismo y la anti-política forman parte del paquete cultural del neoliberalismo que corroe todo pensamiento anclado en la dignidad del ser humano. Hoy el texto de La Comunidad Organizada de Perón está más vigente que nunca. Esta cultura consumista se instaló fuertemente en los 90 y allí quedó, intacto hasta el día de hoy. Ese debilitamiento de la solidaridad social es lo que abona a este fenómeno de “desclasamiento” que hace que el tipo que pudo juntar algo de guita para comprarse un auto y abrir su propio local comercial se crea de pronto que es Rockefeller y empiece a hablar mal de los “negros” y los “planeros”.

    Como reza aquel libro mencionado de Perón, estamos ante una “crisis de valores” donde no existe idea trascendental que le de sentido y orientación a la existencia humana o que le de coherencia al cuerpo social ordenando las intereses individuales con los de la comunidad. Y así como en aquellos momentos las alternativas que se presentaban como únicas, el capitalismo y el comunismo, no daban respuesta a esa crisis por ser dos caras de una misma moneda; hoy tampoco las alternativas ideológico-culturales que se nos presentan como únicas entre el neoliberalismo y el progresismo resuelven la cuestión, sino que por el contrario, la promocionan. De hecho, si los neoliberales hoy nos gobiernan es porque quienes se presentan como su alternativa dejan mucho que desear en aquella batalla cultural y comunicacional que se menciona en el artículo.

    Estamos en una situación extremadamente difícil ya que en las próximas elecciones puede ganar una fuerza política que corte con el desastre económico que está haciendo Cambiemos y apueste un poco más por el mercado interno y la producción, algo que hoy en día no es poco; pero a pesar de ello no tengo ninguna fe en que se ataque el núcleo del problema que estamos planteando, dejando las estructuras sociales, culturales, políticas y económicas colonizadas intactas, solucionando problemas parciales pero no de fondo, dejando libre la posibilidad que este fenómeno de “desclasamiento” continúe expandiéndose con el riesgo de volver a sufrir lo que hoy estamos sufriendo.

    Saludos
    Gonzalo

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