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Nuevas Guerras y Caos Constructor: la destrucción del Estado-Nación como nueva forma del imperialismo

Por TAM Argento

Repasando los actuales acontecimientos en Venezuela, así como sus antecedentes en la ex Yugoslavia, Somalía, Libia, Siria, Sierra Leona, Haití, y tantos otros, algunos analistas recurren al análisis geopolítico basado en la obra de la académica inglesa Mary Kaldor “New & old wars: organized violence in a global era”, que en nuestro idioma ha sido traducido como “Las nuevas guerras: violencia organizada en la era global”, circulando en la web alguna edición escaneada. En esa obra de 1999 la autora está influenciada por su estudio en el terreno de la guerra en la ex Yugoslavia, y a partir de esa experiencia descubre (diríamos mejor cree descubrir, porque era algo existente en zonas periféricas del mundo desde mucho antes) un nuevo tipo de guerra en donde los estados nacionales, ya muy débiles y degradados, cumplirían un rol marginal en las operaciones bélicas, pasando el peso del combate a grupos paraestatales o paramilitares montados a partir de bandas del crimen organizado en contacto con funcionarios corruptos. Además, estos grupos no tendrían como objetivo la clásica finalidad de von Clausewitz de combatir hasta que el enemigo -en especial sus fuerzas militares- desistiera del combate por creer que no podría cumplir sus fines estratégicos, sino que la motivación sería sembrar el terror entre la población civil del adversario y eventualmente su aniquilación mediante procesos de “limpieza étnica”, y con ello lograrían dominar las fuentes de recursos económicos y mercados con los cuales conseguirían su principal finalidad, que era hacerse de esos recursos (agrego que en la mayor parte de las veces para comerciarlos con las grandes potencias).

A partir de esta teoría tomaron cuerpo las formulaciones de las Nuevas Amenazas a la Seguridad de los EEUU establecidas en los denominados “Documentos Santa Fe” la época de George Bush padre apenas caído el Muro de Berlín, en donde el colapso de la ex URSS había desplomado a un formidable enemigo militar de tipo convencional, y por lo tanto el sistema militar-industrial de los EEUU, alma de su economía y razón de su influencia mundial, de buenas a primeras había quedado sin un adversario creíble, por lo cual a partir de estas “nuevas amenazas” se intentaba mitigar la falta de razones para mantener y financiar un enorme aparato militar por medio del montaje de nuevos conflictos que lo justifiquen.

A partir de ello los “think-tanks” estadounidenses trabajaron afanosamente para construir nuevos enemigos que justificaran mantener el sistema militar, y por medio de artículos académicos, entrevistas y debates en los programas de TV, películas de Hollywood, novelas escritas y extorsión diplomática y comercial a gobiernos aliados logran imponer en el imaginario social estas nuevas amenazas, que como consecuencia traen que el narcotráfico, lo mismo que el reclamo de indígenas y campesinos por la tierra, el lavado de activos, la delincuencia organizada trasnacional, o el tráfico de armas. A estas “nuevas amenazas” se unen la pobreza extrema, los desastres naturales y humanos, el deterioro del medio ambiente, las epidemias de salud, la trata de personas, la piratería informática, el acceso y posesión de armas de destrucción masiva, y la corrupción y/o debilidad gubernamental.

Como vemos, estos problemas ya no son considerados como asuntos propios de las órbitas policial, de salud pública, de ecología o de políticas públicas, sino que pasan a constituir una nueva forma de terrorismo (también en esencia un problema de orden político) capaz de amenazar (sin explicar básicamente cómo) la seguridad de los EEUU y sus aliados. Como es notorio a simple vista, se pretende que cualquier aspecto problemático del cual adolecen la mayor parte de los países del planeta sea motivo que justifique una intervención militar o paramilitar por medio de agencias paraestatales u organizaciones privadas con o sin fines de lucro ligadas al dispositivo diplomático y militar de los EEUU y sus aliados.

Ya sin razón para la injerencia interna en los asuntos de otros países bajo la excusa del “combate a la expansión del comunismo”, se justifica continuar con tal intervención por esos nuevos medios y bajo la excusa de prevenir estas “nuevas amenazas” mediante la securitización de los aspectos anteriores. Al tiempo que esto sucede, con el pretexto de luchar contra esos males se motoriza también el llamado “consenso de Washington” para promover el neoliberalismo, fronteras más porosas, y una retirada del Estado de sus funciones para transferirlas a estas organizaciones civiles transnacionales, o multilaterales internacionales, con lo cual las soberanías nacionales quedan cada vez más resentidas, los Estados más débiles, las economías periféricas menos diversificadas, y las sociedades con crecientes problemas de desigualdad, o sea se crea el “caldo de cultivo” propicio para que se generen, como en una profecía autocumplida, algunos de los conflictos previstos en esas “nuevas amenazas a la seguridad”.

Con estas “nuevas amenazas” se cae en la cuenta de que el sistema de defensa existente, preparado para conflictos nucleares y convencionales, deviene obsoleto, ya que los nuevos combates desde esa novedosa perspectiva harían que las FFAA asumieran roles antes reservados a las fuerzas policiales y otros organismos públicos civiles, por lo cual digamos que metafóricamente se disponía de poderosos martillos para romper pequeños huevos. Ello implicó el desarrollo de armas, técnicas y unidades apropias para intervenir en este tipo de conflictos, con lo que se logró mantener parte del sistema, pero ahora había otro problema, que era el de tener que mantener un alto número de medios militares para que resulte política y económicamente viable, por lo cual había una necesidad de multiplicar los conflictos al tiempo que se desarrollaban las redes de mando y control propias para atenderlos y generarlos, entre ellos la difusión de internet y las redes sociales.

En este contexto, los consejeros de George Bush Jr. recurren al pensamiento de un “neocon”, un tal Leo Strauss, quien propicia que, a excepción de algunos pocos países como EEUU y sus aliados clave de entonces, se propicie en el resto del mundo un “caos constructor”, es decir, la generación de conflictos por doquier y de todo tipo que generen la ruptura del orden social y político imperante y, mediante la intervención de los EEUU en su rol de gendarme global, se apoye a determinados grupos en conflicto hoy, a sus rivales mañana, de forma de evitar que los poderes locales puedan estabilizarse y dejen de verse en la necesidad de recurrir a los EEUU como mentor y “protector”, y por ende faciliten con ellos el comercio de sus recursos naturales al tiempo que, por la inestabilidad reinante, dentro de los mismos por tal inestabilidad bajarían las tasas de natalidad y decrecería la actividad económica, lo cual implica un menor consumo propio de recursos naturales, los que ahora necesariamente deberían disponerse a la potencia “protectora” como única forma de financiarse (cualquier parecido al informe NSSM 200 de Kissinger a Nixon NO ES ninguna coincidencia, sino simple y consecuente inspiración).

Este esquema es el que adopta nuestro país en su última Directiva Estratégica Nacional sancionada el año pasado de la mano de nuestro actual presidente Macri, tal cual como se venía viendo en los hechos y lo venían recomendando los “think-tanks” del macrismo en temas de defensa y seguridad, con muy aceitados vínculos con los militares de los EEUU y su embajada local, quienes desde diciembre de 2015 han inundado de asesores de organismos de ese origen -también de otros aliados como Israel- los pasillos de los Ministerios de Defensa y de Seguridad. Ello implica declinar los intereses defensivos nacionales en función de la agenda de potencias extranjeras, lo cual nos lleva a “comprar” conflictos externos (como el inaudito apoyo a la intervención extranjera contra el gobierno venezolano o querer declarar “grupo terrorista” a Hezbollah a pesar de todas las recomendaciones en contrario de los diplomáticos de carrera de Cancillería), o a generar otros en nuestro ámbito, como caracterizar una pequeña protesta indígena como una avanzada terrorista con apoyo de siniestros grupos violentos internacionales, lo cual creo el clima propicio para que se pueda ametrallarlos y reprimirlos salvajemente sin consideración a los procedimientos legales, amenazando a pequeños horticultores y trabajadores empobrecidos con hacer lo mismo si osan protestar inconvenientemente.

Además de esa “ayuda” de los “asesores” militares y de seguridad extranjeros, algo similar sucede también en otras áreas de gobierno, por ejemplo los encargados de Economía, Medio Ambiente o Comercio, en donde distintos consejeros privados y estatales extranjeros o de organismos multilaterales preparan la agenda de las políticas públicas que se aplican, al tiempo que crecen desmesuradamente las denuncias de negociados con las obras y servicios públicos en manos de familiares y allegados al Presidente y otros miembros de su gabinete (al caso solo el dudoso destino de los montos implicados en la gestión para “contener” al dólar, la financiación y posterior cancelación de la obra del soterramiento del ex FFCC Sarmiento, la extensión del contrato y aumento de peaje de los corredores viales en manos del grupo Macri, o el frustrado acuerdo por la deuda del Correo Argentino, superan por varias veces al de todas las causas judiciales hoy abiertas contra los miembros del anterior gobierno), en una degradación económica y política que erosiona aún más a la representatividad del aparato político, haciendo renacer el espíritu embroncado del “que se vayan todos” con lo cual se pone seriamente en riesgo la institucionalidad democrática, y se debilita aún más al Estado, con lo cual la consecuencia esperable es que los poderes extranjeros gocen de mayor margen de maniobra para imponer sus políticas e intereses en nuestro medio.

Es decir, compran la teoría de las Nuevas Guerras de Mary Kaldor, y como ni siquiera leyeron el libro de esa autora, no ven que para que se pueda dar ese nuevo tipo de guerra no convencional primero hay que fabricar un “estado fallido”, y para eso hay que desarmar al Estado, y no solamente a las FFAA, sino también a su capacidad económica (generarle deudas que no pueda pagar, destruir la capacidad industrial, fomentar la economía en negro, etc.), su tejido social (provocando disputas internas por cualquier tema), azuzando la segregación del territorio bajo reclamos locales y limitaciones a la infraestructura que permita la unión física de las regiones del territorio entre sí, y limitando su accionar frente a la delincuencia organizada interna e internacional, entre otros puntos.

La agenda de este gobierno de la mano de los organismos multilaterales y de los EEUU pareciera querer construir cuanto antes tal “estado fallido” en nuestro país, cosa de que las potencias extranjeras tengan la excusa suficiente para poder intervenir sin tapujos para “poner orden” y “por cuestiones humanitarias” pudiendo así cumplir sus objetivos estratégicos y geopolíticos, amparadas en el viejo “divide y reinarás” o el más pedrestre “a río revuelto ganancia de pescadores”, propio de la geopolítica propiciada por Leo Strauss.

Resumiendo: sin FFAA capacitadas y equipadas adecuadamente no hay Sistema de Defensa Nacional posible; si no hay tampoco armonía política, unidad nacional, idea de un destino común y venturoso, o una economía capaz de autosustentarnos y de permitirle al Estado cumplimentar su rol tampoco hay Sistema de Defensa Nacional viable; y si no lo tenemos, no solo seremos presa fácil para sucumbir a las amenazas de fuerzas convencionales, sino también a las de las no convencionales, o solo nos quedará entregarnos por nosotros mismos, como lo hacemos actualmente.

Aquí no hay que temerle a las bandas de delincuentes  inadaptados con la que nos bombardean los noticieros a diario, ellas son solo una pequeña muestra de lo que puede llegar a venir si no se actúa a tiempo deteniendo a un poder económico global que busca suprimir los estados nacionales para poder implantar un sistema de economía altamente globalizada que solo nos relegará al rol de proveedores de materias primas a cambio de que solo un pequeño sector de la sociedad pueda consumirse los beneficios de tales explotaciones, con la mayor parte de nuestro pueblo sumido en condiciones de vida desesperantes propias de la ley de la selva. Si no lo pueden hacer recurriendo al “estado fallido”, posiblemente lo quieran hacer por medio de un conflicto convencional promoviéndolo con algún gobierno cipayo vecino, por lo cual a países como el nuestro le es fundamental estar preparado para ambas contingencias.

No nos engañemos, este es el proyecto de fondo, y si no lo vemos ahora tal vez lo veremos en unos años cuando estemos sumidos en una situación similar a la de alguno de los países que mencioné antes, y debamos buscar la forma de que no se desmiembre nuestro territorio en provincias ricas en recursos naturales que van a querer independizarse de la mano de bandas delictivas de enorme poder aliadas a intereses foráneos. Si no comenzamos a prepararnos desde ahora en ese momento será demasiado tarde, porque construir un Sistema de Defensa Nacional lleva décadas de medidas coordinadas en el tiempo y tomadas -por ende- como Política de Estado por diferentes gobiernos, no es algo que pueda edificarse en 4, 8 o 12 años, y menos con los desafíos potenciales que se deben enfrentar.

Saludos. Ernesto

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4 Comentarios en Nuevas Guerras y Caos Constructor: la destrucción del Estado-Nación como nueva forma del imperialismo

  1. Y, redepente, vino una noche, como diría la genial Catita. Ernesto, como siempre, tus artículos son interesantes de leer. Pero también creo que, sin subestimarlos, le atribuimos a EE.UU una capacidad asombrosa para planificar y ejecutar sus acciones. Para empezar, y a diferencia de otras potencias (como Rusia, China, Gran Bretaña, Francia o incluso Israel) ellos no tienen una sola diplomacia, si no dos paralelas (la del Departamento de Estado y la del Pentágono) y que suelen pisarse el poncho entre ellas. Y, mas que planes elaborados, lo que veo en los norteamericanos es que, cuando no saben como lidiar con un problema, arman quilombo, para ver que obtienen del río revuelto.

    Saludos

    • Me alegro Diego que te interesen mis artículos, lamentablemente estoy con muy poco tiempo disponible para dedicarme más a ellos. Por mi parte estoy extrañando los capítulos restantes de tu novela malvinera, a ver cuando te ponés las pilas y los completás, ya que cortaste la saga justo cuando habías logrado engancharme con la trama.

      Por lo demás, creo que a esta altura sabés que a pesar de que lo que uno dice te resulte interesante también podés subestimar o contrariar lo que pienso cuanto quieras si ese fuera el caso, siempre y cuando la refutación que se haga esté fundamentada razonablemente para que de esa forma podamos generar un debate que nos enriquezca tanto a nosotros como al resto de los lectores, y si encima puede ser respetuosa mejor, aunque en tu caso siempre es un gusto intercambiar ideas y pareceres porque argumentás de forma racional, honesta y respetuosa, y muchas veces con una chispa que condensa claramente tu inteligencia en pequeñas frases.

      Terminando con el espacio de lisonjas, volvamos al tema que motiva esta entrada. Es obvio que los jueguitos de la geopolítica no se juegan con un único jugador, como lo es también que cada uno de los jugadores del mismo lo único que persigue son sus propios intereses y conveniencias. Si esa máxima es cierta entre estados, lo es también en cuanto a lo que sucede dentro de ellos, tanto en sus aparatos estatales como en las relaciones de poder que detenten los distintos grupos de su sociedad. Esto hace que el juego resultante sea intrincado, complejo y muchas veces contradictorio, con idas, vueltas, desvíos, retrasos, aceleraciones y Cisnes Negros por doquier, pero esa complejidad que se parece bastante al azar o el Caos de los griegos clásicos no implica que puedan existir direccionamientos generales en las políticas de cada actor estatal que sean reconocibles, y que serán más o menos evitables dependiendo de como se vayan dando las relaciones de poder, incluyendo dentro de ese poder no solo a la fuerza violenta, el “poder duro”, sino también a la influencia que se tenga en otras esferas para persuadir a los demás de que les es conveniente acompañar los deseos de uno para beneficio mutuo, esto es el “poder blando”, que se da a partir del poderío económico, político, cultural, comercial, etc. Si bien todos los estados recurren a medidas de ambos tipos ya que estas están relacionadas entre sí, por lo general las políticas de largo plazo, las estratégicas, se basan con mayor fundamento en algunos de estos aspectos, aprovechando los puntos fuertes que pueden ayudar a persuadir o convencer a los demás, aplicándolas según el caso respectivo.

      Lo anterior a veces hace parecer que las políticas de un Estado son divergentes o erráticas, pero en realidad son solo diferentes caras de un mismo dado que se van aplicando según corresponda a determinada situación o interlocutor. Ejemplo, en la década de los años ’70 mientras el Pentagono alentaba a los militares sudamericanos formados en sus escuelas a que dieran golpes de estado a sus gobiernos democráticos y aplicaran los más salvajes vejámenes sobre sus prisioneros políticos y opositores, desde el Departamento de Estado (el equivalente a nuestra Cancillería) se rasgaban las vestiduras por esas violaciones a los derechos humanos, y en consecuencia se aplicaban sanciones diplomáticas y comerciales que, finalmente, erosionaban las economías locales al punto tal de tener que recurrir a tomar créditos del excedente de petrodolares a instituciones financieras de los EEUU comandadas por los dueños de la Reserva Federal y sus aliados deseosas de colocar deuda en el tercer mundo para poder financiar el acelerado desarrollo tecnológico en marcha en los EEUU de la mano del complejo militar-industrial. Lo que parecía una contradicción entre dos agencias estatales no era más que la aplicación de una política financiera que permitiría en la década siguiente la profundización de la dependencia de nuestros países de la política monetaria estadounidense, asi como su fuerte empobrecimiento, de forma tal que debieran realizarse ajustes que posibilitaran el desmantelamiento de los resortes del Estado para mantener su soberanía. Resultado: si bien el complejo militar-industrial perdió temporalmente mercados en nuestros países a manos de otros proveedores europeos, Israel y Sudáfrica, lo cual no les produjo demasiada mella porque nuestros mercados de armas son pequeños y por lo general alimentados de sobrantes de material, finalmente terminaron ganando espacio -o mejor dicho reforzando ampliamente el que ya tenían desde antes- en áreas como la asesoría militar, la diplomacia, el realineamiento de países que estaban virando hacia un posicionamiento más tercermundista y latinoamericanista, una dependencia económica que permitió ganar mercados e influencia a sus empresas transnacionales y, no menos importante, negarle el subcontinente a sus enemigos de entonces, la URSS.

      Respecto a destacar sus puntos fuertes como estrategia política, hoy los EEUU basan buena parte de su política exterior en el poder “duro”, mientras que China lo hace en el poder “blando” como la estrategia de los negocios de mutua conveniencia o la nueva Ruta de la Seda, a pesar
      de que a finales de los ’70 también desarrolló acciones militares contra algunos de sus vecinos, u hoy muestra músculo frente al gobierno japones, en donde actualmente el gobierno de ese país ensalza la memoria de los dictadores que, alineados al Eje, provocaron el expansionismo regional en la IIºGM provocando el sufrimiento de ciento de millones de personas en todo el extremo asiático, o a la posibilidad de que Taiwan se declare independiente apoyado por los EEUU, en un giro de 180 grados en los acuerdos alcanzados entre Kissinger y Zhou en 1971 en nombre de Nixon y Mao, por lo cual China continental recuperó la representación única de ese país ante la ONU en detrimento del lugar ocupado por los taiwaneses, pero la estrategia China es motorizar el libre comercio y los acuerdos bilaterales para poder desplegar su principal poder -el económico y comercial- y de esa forma ir ganando influencia en los países del Tercer Mundo, como hoy lo hace en buena parte de los de Asia y Africa.

      Destaquemos aquí que una de las características de la estrategia es que si está bien concebida el adversario será incapaz de oponerle medidas efectivas para detenerla, aún esta sea le sea conocida. Por más que todo el mundo sepa que hoy el eje de sustentación de los EEUU es su complejo militar-industrial y la desestabilización en el antiguo Tercer Mundo, sus adversarios más poderosos muchas veces son capaces de impedirle esto, como lo demuestran elocuentemente sus intervenciones en las últimas décadas, mientras que aunque sea vox populi que China coopera económicamente para ganar influencia dominando paulatinamente los mercados de esos países, lo cierto es que hoy por hoy, y a pesar de todas las medidas tomadas por Trump, los únicos países con los que EEUU actualmente tiene superavit comercial son el Reino Unido y los sudamericanos, y ello explica también el porqué nuevamente han puesto nuevamente a nuestra región bajo la lupa, y en consecuencia estamos viviendo un rebrote de la injerencia extranjera, que hoy se muestra en Venezuela, pero que antes estuvo presente directamente en Haití, pero también de forma más solapada en Honduras, Paraguay, México, Ecuador, El Salvador, Perú, Brasil, Argentina y todo otro país que quisiera zafar de su órbita de influencia en un proyecto regional y/o apalancado por alguno de los BRICS, amenazando abiertamente con una retórica propia de la Guerra Fría hacerlo después de Venezuela con Nicaragua, Bolivia y Cuba, siendo estos los últimos reductos de gobiernos con una visión regional basada en la amistad e igualdad entre los pueblos, y de fuertes relaciones con China y/o Rusia.

      Por último, hoy los EEUU “arman quilombo” no por sus aparentes fracasos, sino porque ese despelote muestra que han tenido éxito. Hoy Irak, Somalía, Libia, la República Democrática del Congo, Sudán, varios de los países de la costa occidental africana o de Centroamérica como Haití, Honduras o Guatemala son un continuo caos, con gobiernos fuertemente debilitados que no controlan más que algunas pequeñas zonas del país mientras que el resto está en manos de bandas armadas o mafias locales comandadas por antiguos militares o ex-funcionarios, que son las que negocian directamente con los representantes paraestatales de EEUU y sus aliados el tráfico de sus riquezas, o en donde actúan según los intereses de la Casa Blanca empresas como la ex Blackwater y otras. Esta situación de inestabilidad también es la que está dando lugar a las masivas migraciones desde esos países hacia Europa y los EEUU, motivo que ha despertado el temor y la xenofobia en esos pueblos, con lo cual se busca un cambio de legislación que de por tierra con el Estado de Bienestar y el cosmopolitismo propio de esas sociedades en Europa Occidental, propiciando un menor apoyo de estos a los países árabes que tradicionalmente han sostenido diplomáticamente, lo cual permite tener menores limitaciones para realizar el reordenamiento de Oriente Medio que Condolezza Rice propiciaba en 2006 dando por tierra el status quo existente hasta entonces, en buena parte establecido por los intereses europeos.

      Estos jugadores de giles no tienen un pelo, saben jugar muy bien al ajedrez mundial, no nos engañemos y cometamos el peor error que se puede cometer en estos temas, que es subestimar al adversario.

      Saludos. Ernesto

  2. Buenas tardes Ernesto:
    Veo que conservo, todavía, cierta capacidad de engaño, dado los elogios que recibo de tu parte. Y me alegra que te haya gustado la novela que, junto con Bashar, fuimos escribiendo. Por cuestiones de tiempo no pudimos, en su momento, continuarla, aunque teníamos algunos relatos sueltos y un par de finales pero, pasada la fecha de “inicio de las hostilidades”, no veíamos la utilidad de continuarla. Además, en lo personal, nunca me gustaron mucho los retrofuturismos.
    Y, después de la tragedia del ARA San Juan, no me parece apropiado escribir una historia que los involucre. Mis respetos para los tripulantes y sus familias.
    Coincido en muchas de tus apreciaciones sobre los yanquis y, créeme, lo último que haría es subestimarlos, en especial en lo referente a su capacidad de provocar daño.
    Pero, y sin negar los ingentes recursos que ponen en sus estrategias, en el fondo sigo pensando en que solo son aprendices de brujo, que buscan controlar fuerzas ingobernables. Y, en ese afán, es mas lo que destruyen que lo que dominan.
    Y sobre sus “éxitos”, puedo aceptarlo si pretendes robar piedras preciosas, drogas o recursos donde alcanza con mano de obra esclava, para asociarte con grupos paraestatales u organizaciones criminales. Pero cuando tus objetivos son recursos energéticos (o vamos a tomar en serio el “menudeo” de petroleo que hacía el EI en Siria?) o el control de zonas geográficas, necesitas de un aparato estatal casi siempre autoritario, o tienen que asumirlo ellos directamente, con los riesgos que conlleva.

    Saludos

    • Buenas noches Diego, cuando el engaño es consentido deja de serlo, sino no sería posible ninguna manifestación artística, ni política, no sería posible vender ningún producto, ni existirían parejas que apostaran a la convivencia aún sabiendo que el prometido amor eterno no existe. En tales casos el engañado es consciente de serlo, aún exista la negación de ello, lo cual solo demuestra que el supuesto engañado decide entregarse a esa falsa expectativa por alguna razón particular, sea para seguir el juego consintiendo al otro, esperar algún beneficio, o simplemente entrar en una pulseada intelectual. En este caso disfruto de barajar escenarios e hipótesis y calcular los posibles efectos de ellos, y eran muy interesantes los que vos y Bashar habían planteado en ese escrito porque era un excelente disparador para tratar varias cuestiones no solo de operaciones militares, sino de la propia estrategia militar y política relacionada con ese tema. Hasta la presencia de una flota de interposición creo que se había llegado, ahora sería interesante ver las posibilidades que se abren a partir de ello.

      Comprendo tus reservas respecto a la memoria de los tripulantes del ARA San Juan y el respeto al dolor de sus seres queridos, pero el peor daño que les podemos hacer a todos ellos, y aún más en momentos en los que la causa judicial avanza a paso de caracol y seguimos con grandes carencias en nuestra capacidad submarina, es olvidar o no dar a conocer cual es la importancia estratégica de las tareas que realizaban y del coraje y preparación necesarios para poder realizarlas. Si solo nos quedamos enfocados en la tragedia -de la cual necesariamente deben surgir las causas y responsabilidades de su ocurrencia, con los castigos y compensaciones que correspondan- la razón suprema de defensa de nuestra soberanía por la cual los 44 salieron a navegar en esa travesía a pesar de todas las carencias queda desdibujada, y además se pierde la perspectiva de lo que supone contar con un arma submarina eficiente como elemento de disuasión necesario para asegurar la paz y como arma estratégica para el momento en el que las papas quemen. Desde noviembre de 2017 tras el shock de la tragedia dejamos de enfocar en que con la pérdida del submarino y su tripulación nuestra capacidad submarina hoy es prácticamente inexistente, sin que se perciban medidas acordes a las circunstancias para superar esta grave carencia, lo cual supone el agravamiento de nuestra debilidad estratégica, que ya desde hace tiempo viene de mal en peor.

      Pero volviendo a nuestro tema principal, la estrategia del Caos Constructor justamente se basa en crear el caos en las diferentes naciones, creando “estados fallidos” que permitan a EEUU y sus aliados intervenir en ellos en aspectos de la vida nacional que con la existencia de gobiernos nacionales fuertes les es imposible. Esta intervención no se da principalmente por medio de la intervención directa de sus FFAA, sino a partir de alternar el apoyo a distintas facciones locales mediante operaciones comerciales directas -las menores- o, más usualmente, por la participación de empresas que incluso poseen fuerzas paramilitares que evitan la “mala prensa” de los cientos de bajas anuales que este tipo de intervenciones implican. Los gobiernos locales resultantes, débiles y a menudo ilegítimos, se ven forzados a aceptar la asistencia y supervisión de asesores y organismos de las potencias porque su estructura estatal local es esencialmente desmantelada. Eso implica que el control efectivo de gran parte de los aspectos que le interesan a estas potencias caen prácticamente en sus manos, como bien lo demuestran el caso iraquí, que hoy aumenta o disminuye sus exportaciones de crudo al compás de la conveniencia estadounidense, o el libio, en donde la empresa petrolera local ha logrado recuperarse hasta exportar 1,05 millones de barriles al día, una tercera parte de lo exportado en la década de 1970, pero un cifra muy importante si se compara con el promedio de los 3,5 barriles diarios exportados por los iraquies, y en especial si se tiene en cuenta que sus principales destinatarios son Francia, España e Italia.

      Las exportaciones puntuales del EI no cuentan porque estas se efectuaban en pleno conflicto, pero si el gobierno sirio colapsaba y era reemplazado por el califato seguramente el control de su comercio petrolero caería bajo control estadounidense, y de hecho los EEUU construyeron una importante instalación militar en la provincia oriental de Deir Ezzor, la que posee una buena parte de los recursos petroleros sirios, ahora en control de las fuerzas kurdas apoyadas por esa potencia. Si no fuera por la presencia del EI, apoyado inicialmente por los aliados de EEUU, como los reinos islámicos del Golfo Pérsico o Turquía, este país no podría haber intervenido en Siria con la excusa de combatir al terrorismo global y dar su apoyo a los kurdos para que ocupen de facto con sus milicias los ricos campos petroleros del noreste sirio y el norte iraquí.

      De haber caído Bashar al-Asad también se hubiera reconfigurado el mapa del Cercano Oriente, tal como lo anunciaba Condolezza Rice en 2006, entregando la soberanía de las Alturas del Golán a Israel, y conformando el Estado Kurdo en parte del territorio sirio e iraquí, desplegando desde allí una nueva fuente de conflictos para Iran. Esas intenciones no tan veladas han provocado el realineamiento de un ex-aliado de EEUU y miembro de la OTAN como lo es la Turquía de Erdogan, que en vista de ello ha tratado de limitar la expansión de las milicias kurdas apoyadas por los norteamericanos en Siria, y a regañadientes se ha visto obligado a entenderse con Putin para evitar el intento de consolidar a los kurdos como estado, aun ello favorezca a sus adversarios iranies, a quienes en principio quiso debilitar permitiendo el paso por sus fronteras de combatientes del EI la compra del producto de sus saqueos. Por ello Turquía hasta el momento ha resultado uno de los grandes perdedores en este conflicto, sobre todo porque no solo ahora debe hacer frente a la virtual aparición de un nuevo estado cuyo pueblo en una importante porción reside en partes del territorio turco, lo que le preanuncia el crecimiento de los reclamos soberanistas kurdos y actividad insurgente de sus milicias en esas regiones. Pero también el retraimiento de Turquía en su política de expansión regional basada en su doctrina de Profundidad Estratégica y el debilitamiento del poderío militar libio en este conflicto ha permitido que Israel consolide su política de anexión de los territorios palestinos en Cisjordania, haga añicos la partición de Jerusalén, y efectúe crímenes de guerra en Gaza prácticamente sin oposición, dado que el apoyo turco a la milicia de Hamas hoy es casi inexistente.

      A esa reconfiguración en el mapa del Cercano Oriente hay que sumarle la del mapa del Oriente Medio, en donde la presencia norteamericana en Afganistán ha permitido sentar las bases para aumentar su influencia en otros países vecinos como Kirguistán y Tayikistán, permitiendole desde allí pivotar hacia el oriente chino, hacia Cachemira (presionando con las milicias locales sobre Pakistán o India según le convenga), o el noreste iraní, áreas del globo que tenía vedadas antes del 2001.

      En Europa la expansión hacia el este de la OTAN le ha permitido no solo pasar de bando a países importantes para la economía rusa, sino que incluso ha desafiado a ese país al pretender sumar a esa organización a países linderos como Georgia o Ucrania, luego de hacerlo con los bálticos de Estonia, Letonia y Lituania. Con ello se intentó no solo dar por tierra con la política de “estados tapón” (o colchón) que estas representaban, sino también estrangular su acceso al mar Báltico, disminuir el control ruso sobre gran parte de los oleoductos y gasoductos que llevan gas y petroleo ruso desde el Cáucaso a Europa. Con Chechenia primero y Georgia después se pretendió generar inestabilidad en la zona del Cáucaso, de la cual provienen las principales explotaciones petroleras rusas y de Azerbaiyan, así como asegurar el paso de un importante oleoducto fuera del control ruso entre Azerbaiyan, Georgia y Turquía.

      En cuanto a China, la presencia del AFRICOM en varios países aficanos, la actuación de milicias como las de Boko Haram, las “primaveras” en el Mediterraneo o la guerra en Africa Central demuestran una voluntad de los EEUU por negarle a los chinos los beneficios de los avances que han logrado en esos territorios por medio de acciones comerciales e inversiones varias en desarrollo local, y algo similar hacen en América Central y del Sur, como he dicho antes, pudiéndose explicar desde allí las presiones sobre nuestros gobiernos y golpes de estado propiciados a quienes no les responden aceptándolas mansamente. Además de esto ha jugado a apoyar a otros países en sus reclamos territoriales sobre China, ya sea a la India, a Japón, o a Viet Nam o Filipinas, pero también juega con fuego al amagar con un eventual apoyo a la independencia de Taiwan.

      Vuelvo a hacer este resumen somero para hacer notar que los EEUU no son aprendices de brujos ni mucho menos. Desde que implantaron la estrategia del Caos Constructor en estos últimos 20 años -que en términos estratégicos es poco y nada- han accedido o ganado influencia en lugares del planisferio en los cuales antes no soñaban ni siquiera poder intervenir, y gran parte de esa expansión la han hecho a costa de los propios pueblos de los países desestabilizados, quienes son los que han puesto la mayor cuota de sangre, sufrimiento y dinero en estos conflictos. Han logrado -al menos temporalmente- romper proyectos multinacionales como los de los BRICS, UNASUR o ALBA, reimplantando TLC bilaterales en su propia conveniencia. Han profundizado la penetración cultural y política casi por todo el mundo a través de internet y sus medios globales de comunicación, comercio e inteligencia -como el Big Data-; casi lograron el autoabastecimiento petrolero -lo que les permite destruir a piacere a otros países productores- y siguen siendo los principales exportadores de tecnología avanzada, con lo cual ganan influencia en otras naciones. Por poner un ejemplo actual y muy ilustrativo, han logrado que al menos 50 gobiernos reconozcan a un payaso que se autoproclama Presidente Interino a pesar de existir un gobierno electo democráticamente por mayor porcentaje de la población que la de los mandatarios de esos 50 países, o volver a reeditar conflictos con la misma retórica de la Guerra Fría. Desde la IIºGM que no lograban un conjunto tan significativo de objetivos, así que no es conveniente subestimarlos, aunque es obvio que no son infalibles, y con la estrategia adecuada, tampoco invencibles.

      Pero aquí lo importante es comprender que el Caos Constructor es un modelo que no supone la dominación de la forma en la cual estamos acostumbrados quienes vivimos en el siglo XX, supone no solo métodos de “poder duro” sino también de “poder blando” en una guerra psicológica que no solo busca cambiar la percepción de ciertas situaciones, sino la misma conciencia de ser en el mundo, no la forma de construir una humanidad diferente sino la misma desaparición del concepto de humanidad en pos de una guerra global de todos contra todos, excepto en los santuarios que ellos -en rigor su camarilla gobernante- decidan crear de acuerdo a su conveniencia. La finalidad “constructiva” de este caos global es lograr reconfigurar el mundo de forma tal que los gobiernos locales desaparezcan o sean reducidos a su mínima expresión a costa de un gobierno global antidemocrático que tome las decisiones principales, un gobierno al estilo del de los banqueros de la Comisión Europea que gobierna efectivamente a Europa a pesar que sus miembros no han sido electos democráticamente. No entender como funciona esta estrategia significa estar inerme ante la misma.

      Esperemos que las palabras proféticas de Zbigniew Brzezinski de 2005 sean efectivamente proféticas y el mismo imperialismo de los EEUU lleve a un “despertar global”, como también la de la siguiente frase de 2012:
      “El generalizado aumento del activismo popular en todo el mundo está demostrando su hostilidad a la dominación extranjera como la que prevalecía en la época del colonialismo y actualmente del imperialismo de Occidente. […] La resistencia popular persistente de los pueblos muy motivados y políticamente despiertos, con memoria histórica de la colonización y el dominio extranjero ha demostrado ser de difícil represión, como lo demuestran contundentemente la prolongada guerra de guerrillas de Vietnam y Argelia y actualmente la de Afganistán. Así como el aumento de la agitación en Oriente Medio y en el Sureste Asiático es un presagio de lo que podría ser una guerra contra una invasión imperialista”. (“El papel de Occidente en el complejo mundo posterior al dominio imperialista de una sola potencia”, discurso en el Foro Europeo de Nuevas Ideas, 26 de septiembre de 2012).

      Saludos. Ernesto

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