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Las armas durante la formación del Estado argentino. (1)

Parte 1. El periodo virreinal. Organización militar.

Por Alejandro Casali

Entendemos por periodo virreinal el que se establece desde el primero de agosto de 1776, de manera provisoria, luego el 27 de octubre de 1777 en forma definitiva, al 18 de noviembre de 1811, cuando Francisco Javier de Elio abandona el cargo de Virrey, dejando al Gobernador de Montevideo Gaspar de Vigodet como la máxima autoridad que representa a la Corona española en las Provincias del Rio de la Plata.

Durante ese periodo fueron muy pocas las armas de fuego en poder del pueblo e inclusive de la milicia, mayormente se utilizaron armas blancas y los combates eran casi siempre cuerpo a cuerpo.

Proliferaban si sables, espadas y estoques como asi también cuchillos y dagas.  Las lanzas criollas o chuzas, formadas por una caña y un cuchillo atado eran además bastante frecuentes y populares, sobre todo en hombres de a caballo.

 

 

Otra arma característica de la época, aunque su origen se remonta a casi 5000 años atrás, es la boleadora o laque, arma arrojadiza usada por los pueblos autóctonos en la Patagonia y posteriormente en la región pampeana. Resumiendo, consta de tres piedras de entre 8 y 11 cm de diámetro unidas por un tiento o guasca.

Como arma de caza fue muy exitosa y permitió la alimentación primaria de las gentes que poblaron estos territorios durante un extenso tiempo. También como arma militar tuvo un cierto grado de eficacia, sobre todo para neutralizar parcialmente el uso de la caballería por parte de los españoles y posteriormente del Ejercito Nacional.

 

 

Las armas de fuego, como se explica más arriba, eran escasas y además poco confiables, esto último lo aclararemos más adelante.

Durante los primeros años del virreinato existían aun mosquetes de mecha o arcabuces, ya fuera de uso en Europa desde hacía casi un siglo y, el disparo poco preciso se tendía a mejorar apoyando el arma sobre una horquilla. Lentos para su recarga, imprecisos a mas de 75 yardas, tenían si a su favor la facilidad en la capacitación para su uso y aun con poca practica se lograban resultados aceptables, siempre dentro de las limitaciones que la génesis de los mosquetes imponían.

Tan pobre era la performance de estas armas que,  militarmente en Europa se pensó en volver a la ballesta, bastante más precisa y rápida de recargar, además no producía humo y permitía mantener la visión del campo de batalla, aunque por el contrario requería de un constante entrenamiento y destreza para lograr resultados buenos, algo muy difícil de encontrar por aquella época.

 

 

Está claro que sin conflictos a la vista, la carencia de armas de fuego en el periodo temprano del virreinato no constituyo un problema.

No obstante durante el gobierno del Virrey Pedro de Ceballos y debido al constante avance portugués sobre la Banda Oriental, España provee en forma suficiente los primeros mosquetes y pistolas para que la tropas porteñas enfrenten el conflicto. Estas quedan en poder del gobierno colonial y de los Regimientos Fijos de Buenos Aires,  nunca fueron distribuidas a la población.

Los mosquetes más comunes fueron los españoles Mod. 1757 con llave francesa, aunque probablemente ya existieran algunos del modelo 1717 y 1724 con llave española. Las pistolas eran menos comunes, siendo la más usada la modelo 1789 con llave española en calibre 18mm. Los mosquetes variaban el calibre entre 16 y 19mm según el modelo.

 

 

Unos párrafos aparte vamos a dedicarle a la bayoneta, normalmente de cubo y hoja triangular. Decimos normalmente porque, aunque no era frecuente se podía encontrar otras  bayonetas de cubo con hoja plana y un filo de corte.

 

 

Es importante recordar las tácticas de la época, en las cuales dos o más hileras de soldados armados con mosquetes y bayoneta calada se enfrentaban disparando sus armas al unísono y según la orden posterior podían recargar un segundo o tercer disparo o bien, cargar con sus armas sobre las líneas enemigas para intentar atravesarlos, un mosquete con su bayoneta mide alrededor de 1,90 mts, es decir, se transformaba en una lanza.

Dentro de la organización virreinal, el mismo se dividía en intendencias como por ejemplo la de Salta del Tucumán, Córdoba del Tucumán y Chuquisaca, quedando las milicias locales a ordenes de los intendentes, los cuales recibían la Causa de la Guerra dentro de sus atribuciones. En Buenos Aires las tropas profesionales, muy escasas siempre, y las milicias, estaban bajo el mando del Virrey.

Uno de los cuerpos militares españoles más antiguos que aún subsisten, es decir pasaron a formar parte del Ejército Argentino, es el de Blandengues de la Frontera. El año que se produce la Primera Invasión Inglesa, las tropas regulares de Buenos Aires ascendían a 1329 soldados veteranos, nada si consideramos el tamaño territorial asignado, sus difusas fronteras y la escasa población estable.

 

 

El vasto espacio que sólo en parte gobernaba la Intendencia asistió en las últimas décadas coloniales a un notable crecimiento demográfico y fue escenario de una primera expansión ganadera. A su vez, se fue conformando una trama de poblados rurales de muy disimiles magnitudes, esa trama contenía muy pocas ciudades (Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Corrientes y Maldonado declarada ciudad en 1786), 22 villas que tenían derecho a contar con sus cabildos, 20 parroquias, 28 pueblos de indios y 10 fuertes fronterizos.

La Corona deseaba y bregaba para que los cuerpos militares se encontraran mayormente compuestos por soldados peninsulares, españoles nativos, y complementados por un mínimo de criollos. La realidad fue completamente a la inversa, el 80% de las tropas no solo eran criollas sino también nativas del poblado donde residía la unidad militar.

Deducimos de esto que el ejercito poseía una notable americanización y esto influyo decididamente en la imposibilidad que tuvo para controlar los movimientos insurreccionaLes americanos que comenzarían a gestarse a principios del siglo 19.

La delicada situación militar en el virreinato se pone en evidencia en 1801 durante la llamada Guerra de las Naranjas en la cual España pierde las Misiones Orientales frente a Portugal, lo cual debió constituir un llamado de atención que al parecer no fue tal ya que 5 años más tarde Buenos Aires capitularía ante una fuerza británica bastante pequeña.

Habiendo dado entonces un pequeño repaso a la organización militar previa a las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, retornamos a las armas usadas según los cuerpos de infantería o caballería formados el aquellos tiempos.

Como comenzamos con los Blandeques de la Frontera, seguiremos con ellos. Inicialmente estaban armados con una tercerola y un machete, siendo pronto reemplazados ambos por una lanza y un sable, dada la ya comentada escases de armas de fuego en todo el territorio colonial. El pago de los sueldos además debía correr por parte de la Corona y no ser financiado por los vecinos como termino ocurriendo. Si bien la remuneración prometida era relativamente alta, el blandengue debía costearse el uniforme, alistarse con sus propios caballos y pagarse la manutención al tiempo que recibía su paga en forma irregular y con descuentos.

El vasto espacio que sólo en parte gobernaba la Intendencia asistió en las últimas décadas coloniales a un notable crecimiento demográfico y fue escenario de una primera expansión ganadera. A su vez, se fue conformando una trama de poblados rurales de muy disimiles magnitudes, esa trama contenía muy pocas ciudades (Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Corrientes y Maldonado declarada ciudad en 1786), 22 villas que tenían derecho a contar con sus cabildos, 20 parroquias, 28 pueblos de indios y 10 fuertes fronterizos.

La Corona deseaba y bregaba para que los cuerpos militares se encontraran mayormente compuestos por soldados peninsulares, españoles nativos, y complementados por un mínimo de criollos. La realidad fue completamente a la inversa, el 80% de las tropas no solo eran criollas sino también nativas del poblado donde residía la unidad militar.

Deducimos de esto que el ejercito poseía una notable americanización y esto influyo decididamente en la imposibilidad que tuvo para controlar los movimientos insurreccionales americanos que comenzarían a gestarse a principios del siglo 19.

La delicada situación militar en el virreinato se pone en evidencia en 1801 durante la llamada Guerra de las Naranjas en la cual España pierde las Misiones Orientales frente a Portugal, lo cual debió constituir un llamado de atención que al parecer no fue tal ya que 5 años más tarde Buenos Aires capitularía ante una fuerza británica bastante pequeña.

Habiendo dado entonces un pequeño repaso a la organización militar previa a las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, retornamos a las armas usadas según los cuerpos de infantería o caballeria formados el aquellos tiempos.

Como comenzamos con los Blandeques de la Frontera, seguiremos con ellos. Inicialmente estaban armados con una tercerola y un machete, siendo pronto reemplazados ambos por una lanza y un sable, dada la ya comentada escases de armas de fuego en todo el territorio colonial. El pago de los sueldos además debía correr por parte de la Corona y no ser financiado por los vecinos como termino ocurriendo. Si bien la remuneración prometida era relativamente alta, el blandengue debía costearse el uniforme, alistarse con sus propios caballos y pagarse la manutención al tiempo que recibía su paga en forma irregular y con descuentos.

El Blandengue era definido en 1803 como “Soldado armado con lanza, que defiende los límites de la provincia de Buenos Aires”.

 

Regimiento fijo de Buenos Aires

 

 

Continuará…

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