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El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo

por Thierry Meyssan

Aunque todos los expertos concuerdan en que los acontecimientos en Venezuela siguen el mismo modelo que los de Siria, hay quienes cuestionan el anterior artículo de Thierry Meyssan sobre las interpretaciones divergentes de esos hechos en el campo antiimperialista. Este artículo responde a esas dudas. Pero no se trata aquí de una simple querella entre especialistas sino de un debate de fondo sobre el viraje histórico que estamos viviendo desde el 11 de septiembre de 2001 y que afecta las vidas de todos los que habitamos este planeta.

 | DAMASCO (SIRIA) 

Este artículo es la segunda parte de
- «Interpretaciones divergentes en el campo antiimperialista», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 15 de agosto de 2017 (ver en http://www.voltairenet.org/article197482.html)

En la primera parte de este artículo subrayé que el presidente sirio Bachar al-Assad es en este momento la única personalidad que ha sabido adaptarse a la nueva «gran estrategia estadounidense», mientras que las demás siguen pensando como si los conflictos que hoy se desarrollan fuesen similares a los que ya vimos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Siguen interpretando los acontecimientos como intentos de Estados Unidos para derrocar gobiernos como medio de acaparar los recursos naturales para sí mismo.

Pienso, y voy a explicarlo aquí, que esa interpretación es errónea y que ese error puede sumir la humanidad en un verdadero infierno.

El pensamiento estratégico estadounidense

Hace 70 años que los estrategas estadounidenses sufren una obsesión que no tiene nada que ver con la defensa de su pueblo. Lo que les obsesiona es mantener la superioridad militar de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Durante el decenio transcurrido entre la disolución de la URSS y los atentados del 11 de septiembre de 2001, estuvieron buscando diferentes maneras de intimidar a todo el que se resistía a la dominación estadounidense.

Harlan K. Ullman desarrollaba la idea de aterrorizar a los pueblos asestándoles golpes brutales (Shock and awe o “shock y pavor”) [1]. Se trataba, idealmente, de algo como el uso de la bomba atómica contra los japoneses. Eso se concretó, en la práctica, bombardeando Bagdad con una lluvia de misiles crucero.

Los discípulos del filósofo Leo Strauss soñaban con librar y ganar varias guerras a la vez (Full-spectrum dominance o “dominio en todos los sentidos”). Vimos entonces las guerras contra Afganistán e Irak, que se desarrollaron bajo un mando común [2].

El almirante Arthur K. Cebrowski predicaba que había que reorganizar los ejércitos de Estados Unidos de manera tal que fuese posible procesar y compartir una multitud de datos de forma simultánea. Eso haría posible algún día el uso de robots capaces de indicar instantáneamente las mejores tácticas [3]. Como veremos más adelante, las profundas reformas que el almirante Cebrowski inició no tardaron en producir frutos… venenosos.

El pensamiento neoimperialista estadounidense

Esas ideas y obsesiones primeramente llevaron al presidente George W. Bush y la US Navy a organizar el más extenso sistema internacional de secuestro y tortura, que contó 80 000 víctimas. Posteriormente, llevaron al presidente Obama a poner en marcha todo un aparato para perpetrar asesinatos, principalmente mediante el uso de drones pero también recurriendo a comandos armados. Ese sistema opera en 80 países y dispone de un presupuesto anual de 14 000 millones de dólares [4].

A partir de los hechos del 11 de septiembre de 2001, el asistente del almirante Cebrowski, Thomas P. M. Barnet, impartió en el Pentágono y en las academias militares estadounidenses numerosas conferencias anunciando lo que sería el nuevo mapa del mundo según el Pentágono [5]. Ese proyecto se ha hecho posible debido a las reformas estructurales realizadas en los ejércitos estadounidenses, reformas en las que se percibe una nueva visión del mundo. El proyecto en sí parecía tan descabellado que los observadores extranjeros lo consideraron, apresuradamente, sólo una forma de retórica más entre tantas otras tendientes a sembrar el miedo en los pueblos que Estados Unidos pretende dominar.

Barnett afirmaba que, para mantener su hegemonía mundial, Estados Unidos tendría que dividir el mundo en dos partes. Quedarían de un lado los Estados estables (los miembros del G8 y sus aliados) y del otro lado estaría el resto del mundo, considerado simplemente como un “tanque” de recursos naturales. Barnett se diferenciaba de sus predecesores en un punto fundamental: ya no consideraba que el acceso a esos recursos fuese crucial para Washington sino que afirmaba que los Estados estables sólo tendrían acceso a esos recursos recurriendo a los ejércitos estadounidenses. Para eso habría que destruir sistemáticamente toda la estructura estatal en los países que serían parte de ese “tanque” de recursos, de manera que nadie pudiese oponerse en ellos a la voluntad de Washington, ni tampoco tratar directamente con los Estados estables.

En su discurso de enero de 1980 sobre el Estado de la Unión, el presidente Carter enunció su doctrina: Washington consideraba el acceso al petróleo del Golfo para garantizar el abastecimiento de su propia economía como una cuestión de seguridad nacional [6]. El Pentágono creó entonces el CentCom para controlar esa región. Sin embargo, Washington está sacando actualmente menos petróleo de Irak y de Libia que antes de las guerras contra esos países… ¡pero no le importa!

La destrucción de las estructuras estatales equivale a regresar a los tiempos del caos, concepto ya enunciado por Leo Strauss pero al que Barnett confiere un sentido nuevo. Para el filósofo judío Leo Strauss, después del fracaso de la República de Weimar y la Shoa (el Holocausto), el pueblo judío no puede seguir confiando en las democracias, así que la única vía que le queda para protegerse de un nuevo nazismo es instaurar su propia dictadura mundial –claro, ¡en aras del Bien! Para eso tendrá que destruir algunos Estados que oponen resistencia, hacerlos retroceder a la era del Caos y reconstruirlos según nuevas leyes [7].

Eso corresponde con lo que decía Condoleezza Rice durante los primeros días de la agresión de 2006 contra el Líbano, cuando aún parecía que Israel saldría victorioso:

«No veo el interés de la diplomacia si es para volver al statu quo ante entre Israel y el Líbano. Creo que sería un error. Lo que aquí vemos es, en cierta forma, el comienzo, las contracciones del nacimiento de un nuevo Medio Oriente y, hagamos lo que hagamos, tenemos que estar seguros de que avanzamos hacia el nuevo Medio Oriente y de que no volvemos al antiguo.»

Para Barnett, sin embargo, habría que hacer retroceder a la era del Caos no sólo a los pueblos que oponen resistencia sino a todos los países que no han alcanzado cierto nivel de vida. Y cuando estén sumidos en el Caos… habrá que mantenerlos en él.

La influencia de los seguidores de Leo Strauss ha disminuido en el Pentágono después del fallecimiento de Andrew Marshall, creador del «giro hacia Asia» [8].

Una de las grandes rupturas entre el pensamiento de Barnett y lo que pensaban sus predecesores reside en que Barnet piensa que no hay que desatar guerras contra tal o más cual país por razones políticas sino contra regiones enteras del mundo porque no están integradas al sistema económico global. Por supuesto, siempre habrá que empezar por un país en particular, pero se hará favoreciendo la extensión del conflicto, hasta destruirlo todo… como en el Medio Oriente ampliado (o Gran Medio Oriente). En este momento sigue la guerra, incluso con despliegue de blindados, tanto en Túnez, Libia, Egipto (en el Sinaí), Palestina, Líbano (en Ain el-Helue y Ras Baalbeck), como en Siria, Irak, Arabia Saudita (en la ciudad de Qatif), Bahréin, Yemen, Turquía (en Diyarbakir) y Afganistán.

Es por eso que la estrategia neoimperialista de Barnett tendrá que apoyarse obligatoriamente en ciertos elementos de la retórica de Bernard Lewis y de Samuel Huntington, la «guerra de civilizaciones» [9]. Pero como será imposible justificar que permanezcamos indiferentes ante las desgracias de los pueblos de los países condenados a ser parte del “tanque” de recursos naturales, habrá que convencernos de que nuestras civilizaciones son incompatibles.

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Según este mapa, extraído de un Powerpoint que Thomas P. M. Barnett presentó en 2003 durante una conferencia impartida en el Pentágono, los Estados de todos los países incluidos en la zona rosada deben ser destruidos. Ese proyecto no tiene nada que ver con la lucha de clases en el plano nacional, ni con la explotación de los recursos naturales. Después de destruir el Medio Oriente ampliado, los estrategas estadounidenses se preparan para acabar con los Estados en los países del noroeste de Latinoamérica.

La aplicación del neoimperialismo estadounidense

Esa exactamente es la política que ha venido aplicándose desde el 11 de septiembre de 2001. No se ha terminado ninguna de las guerras desatadas desde entonces. Desde hace 16 años, las condiciones de vida de los afganos son cada día más terribles y peligrosas. La reconstrucción del Estado que alguna vez tuvieron, reconstrucción que supuestamente seguiría el modelo aplicado en Alemania o Japón al término de la Segunda Guerra Mundial, nunca llegó concretarse. La presencia de las tropas de la OTAN no mejoró la vida de los afganos que, por el contrario, se deterioró aún más. Todo indica que esa presencia militar de la OTAN es actualmente la causa del problema. A pesar de todos los discursos que alaban la ayuda internacional, las tropas de la OTAN sólo están en Afganistán para mantener y agravar el caos.

No hay un solo caso de intervención de la OTAN en que los motivos oficiales de la guerra hayan resultado ciertos. No fue cierta la justificación oficial de la guerra contra Afganistán (motivo invocado: una supuesta responsabilidad de los talibanes en los atentados del 11 de septiembre de 2001), como tampoco lo fue en la guerra contra Irak (motivo invocado: un supuesto respaldo del presidente Saddam Hussein a los terroristas del 11 de septiembre y la preparación de armas de destrucción masiva que planeaba utilizar contra Estados Unidos), ni en Libia (supuesto bombardeo del ejército libio contra su propio pueblo), ni en Siria (dictadura del presidente Assad y de la secta de los alauitas). Y en ningún caso el derrocamiento de un gobierno ha puesto fin a la guerra. Todas esas guerras se mantienen hoy en día, sin importar la tendencia o el grado de sumisión de los dirigentes en el poder.

Las «primaveras árabes», si bien son fruto de una idea del MI6 que sigue el modelo de la «revuelta árabe» de 1916 y de las hazañas de Lawrence de Arabia, fueron incorporadas a la misma estrategia de Estados Unidos. Túnez se ha convertido en un país ingobernable. En Egipto, donde el ejército nacional logró recuperar el control de la situación, el país está tratando poco a poco de levantar cabeza. Libia se ha convertido en un campo de batalla, no desde que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó su resolución llamando a proteger la población libia sino después del asesinato de Muammar el-Kadhafi y la victoria de la OTAN.

Siria es un caso excepcional ya que el Estado nunca pasó a manos de la Hermandad Musulmana y que esta no ha logrado imponer el caos en todo el país. Pero numerosos grupos yihadistas, vinculados precisamente a esa cofradía, lograron controlar –y todavía controlan– partes del territorio nacional, instaurando en ellas el caos. Ni el califato del Emirato Islámico (Daesh), ni Idlib bajo al-Qaeda, constituyen Estados donde el islam pueda florecer. Son sólo zonas de terror sin escuelas ni hospitales.

Es probable que gracias a su pueblo, a su ejército y a sus aliados rusos, libaneses e iraníes, Siria logre escapar al destino que Washington había diseñado para ella. Pero el Medio Oriente ampliado seguirá siendo pasto del fuego hasta que los pueblos entiendan los planes de sus enemigos.

Ahora vemos como el mismo proceso de destrucción se inicia en el noroeste de Latinoamérica. Los medios de difusión occidentales hablan con desdén de los desórdenes en Venezuela, pero la guerra que así comienza no habrá de limitarse a ese país. Se extenderá a toda esa región, a pesar de que son muy diferentes las condiciones económicas y políticas de sus países.

Los límites del neoimperialismo estadounidense

A los estrategas estadounidenses les gusta comparar el poder de Estados Unidos al del Imperio romano. Pero los romanos aportaban seguridad y opulencia a los pueblos que conquistaban y los incorporaban a su imperio. El Imperio romano construía monumentos y racionalizaba las sociedades de esos pueblos. El neoimperialismo estadounidense no tiene intenciones de aportar nada, ni a los pueblos de los Estados estables, ni a los de los países incluidos en el “tanque” de recursos naturales. Lo que tiene previsto es extorsionar a los primeros y destruir los vínculos sociales en los que se sustenta la unión nacional de los segundos. Ni siquiera le interesa exterminar a estos últimos sino hacerlos sufrir para que el caos en el que viven convenza a los Estados estables de que para ir a buscar los recursos que necesitan tienen que contar con la protección de los ejércitos estadounidenses.

El proyecto imperialista consideraba hasta ahora que «no se puede hacer la tortilla sin romper huevos», o sea admitía que tiene que cometer masacres colaterales para extender su dominación. En lo adelante, lo que planifica son masacres generalizadas para imponer definitivamente su autoridad.

El neoimperialismo estadounidense implica que los demás Estados del G8 y sus aliados acepten que la «protección» de sus intereses en el extranjero quede en manos de los ejércitos de Estados Unidos. Ese condicionamiento no constituye un problema para la Unión Europea, ya sometida desde hace mucho a la voluntad del amo estadounidense, pero plantea una dura discusión con el Reino Unido y será imposible que Rusia y China la acepten.

Recordando su «relación especial» con Washington, Londres ya exigió participar como socio en el proyecto estadounidense para gobernar el mundo. Fue ese el sentido del viaje de Theresa May a Estados Unidos, en enero de 2017, pero quedó sin respuesta [10].

Es además inconcebible que los ejércitos de Estados Unidos garanticen la seguridad de las «rutas de la seda», como hoy lo hacen –junto a las fuerzas británicas– con las vías marítimas y aéreas que utiliza Occidente. Es también inimaginable que Rusia acepte ahora ponerse de rodillas, después de su exclusión del G8, debido a su implicacion en Siria y en Crimea.

[1Shock and awe: achieving rapid dominance, Harlan K. Ullman y otros autores, ACT Center for Advanced Concepts and Technology, 1996.

[2Full Spectrum Dominance. U.S. Power in Iraq and Beyond, Rahul Mahajan, Seven Stories Press, 2003.

[3Network Centric Warfare: Developing and Leveraging Information Superiority, David S. Alberts, John J. Garstka y Frederick P. Stein, CCRP, 1999.

[4Predator empire: drone warfare and full spectrum dominance, Ian G. R. Shaw, University of Minnesota Press, 2016.

[5The Pentagon’s New Map, Thomas P. M. Barnett, Putnam Publishing Group, 2004.

[6] “State of the Union Address 1980”, por Jimmy Carter, Voltaire Network, 23 de enero de 1980.

[7] Algunos especialistas en el estudio del pensamiento de Leo Strauss lo interpretan de manera completamente diferente. Pero lo importante aquí no es lo que realmente pensaba ese filósofo sino lo que profesan quienes, con razón o sin ella, se dicen seguidores de su pensamiento en el Pentágono. Political Ideas of Leo Strauss, Shadia B. Drury, Palgrave Macmillan, 1988. Leo Strauss and the Politics of American Empire, Anne Norton, Yale University Press, 2005. Leo Strauss and the conservative movement in America: a critical appraisal, Paul Edward Gottfried, Cambridge University Press, 2011. Straussophobia: Defending Leo Strauss and Straussians Against Shadia Drury and Other Accusers, Peter Minowitz, Lexington Books, 2016.

[8The Last Warrior: Andrew Marshall and the Shaping of Modern American Defense Strategy, Chapter 9, Andrew F. Krepinevich y Barry D. Watts, Basic Books, 2015.

[9] «The Clash of Civilizations?» y «The West Unique, Not Universal», Foreign Affairs, 1993 y 1996; The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, Samuel Huntington, Simon & Schuster, 1996.

[10] “Theresa May addresses US Republican leaders”, por Theresa May, Voltaire Network, 27 de enero de 2017.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article197560.html#nb7

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7 Comentarios en El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo

  1. Sumo este artículo porque lo considero imprescindible para entender algunas de las cosas que están pasando en el mundo, pero particularmente en Nuestra América.

    Saludos. Ernesto

  2. Buenos días:
    Interesante artículo, y sería muy bueno tener notas sobre los planteos estratégicos de Rusia y China, para analizar la interacción con la estrategia americana.
    Saludos.

    • Hola Diego, tanto Rusia como China no son muy afectos a publicar sus estrategias globales, pero algunas pistas podés tener leyendo algunas noticias. Por un lado es sabido que Rusia está en una posición de defender la integridad de su antiguo espacio estratégico contiguo (su área de influencia próxima o “backyard”), que luego de la caída de la URSS se viera comprometido con el avance de la OTAN hacia el este, aprovechando que luego del colapso el poderío militar y la influencia política de Rusia se vieron fuertemente disminuidos.

      Luego de una etapa de defender este avance a las puertas de su propio territorio en Chechenia, Georgia o las repúblicas bálticas, demostró cuales son sus límites aceptables con Ucrania, y particularmente con Crimea, su principal base naval sobre el Mar Negro y soporte de la flota que puede actuar en el Mediterraneo y Cercano Oriente. Además de mantener una política de baja conflictividad con China, actualmente está enfocada en el espacio europeo apoyando a movimientos antisistema, en una devolución de gentilezas por la intervención indirecta de las potencias occidentales apoyando en Rusia y la ex URSS a movimientos políticos contrarios a los intereses del Kremlin.

      Otro de los asuntos que debe atender para garantizarse algunos intereses en las proximidades de su espacio está en su intervención en Siria contra las fuerzas irregulares formadas y financiadas por los estados árabes socios de los EEUU y las FFEE de este país, las que están cerca de ser vencidas militarmente aunque EEUU y Europa aún intentan ataques de falsa bandera -como los ataques químicos, tanto los producidos como otros que pueden producirse- para desprestigiar al gobierno de Bashar Al Asad y a los mismos rusos y permitirles seguir manteniendo la guerra en ese país, con toda la desestabilización que implica a nivel regional, y mucho más ahora que Turquía se debate entre seguir dentro del espacio de la OTAN o librarse a los intereses de la “profundidad estratégica” de la Gran Turquía que Erdogan pretende como forma de recuperar algo del imperio otomano, lo cual es un bidón lleno de kerosen en medio de un incendio, dado que se trata de un área conflictiva con varios jugadores regionales que pretenden dominar ese mismo tablero, como Israel, Arabia Saudita o Irán, o bien otros que juegan allí también sus intereses, como la EEUU (que ya se encuentra creando un cuasi estado kurdo al norte de Irak, lo que provocó la reacción turca) o la UE, de ésta en particular Francia, Alemania y el RU. Todo esto lo único que promete es más riesgo y conflicto, que en caso de seguir escalando pone ya no en vilo a la región sino también al movimiento político y económico global.

      En cuanto a China, su estrategia global no es militar sino comercial, militarmente recién se encuentra en una etapa de potenciación de su arsenal que le permitiría un capacidad de proyección limitada más allá de sus fronteras, aunque de seguir este proceso podrá hacerlo en poco más de una década de forma más contundente a nivel regional, así que mientras tanto apuesta a inundar de productos chinos el mundo y a convertirse en el principal socio comercial de los países no alineados, y de algunos alineados también. En este sentido su proyecto más ambicioso es el desarrollo de la Ruta de la Seda en los países del corredor asiático hacia Europa, lo cual está implicando acuerdos con muchos de esos países por cifras multimillonarias en financiamiento de infraestructura realizado por China y sus empresas, y otros similares está realizando en Africa y América, y por tal motivo los EEUU han creado dentro de sus comandos estratégicos el USAFRICOM en la parte del territorio africano que antes dependía del USEUCOM (Europa) y del USCENTCOM (Medio Oriente), dejando para éste último solo a Egipto. Todos estos junto con el USSOUTHCOM (América Central y del Sur excepto México) y el USPACOM (parte de Asia, Oceanía y el Pacífico) se encuentran muy activos en cuanto a la intervención indirecta de sus fuerzas militares entrenando y dando apoyo a guerrillas locales o bien apoyando a movimientos políticos antigubernamentales en los casos en los que China ha avanzado con estas grandes inversiones en desmedro de los intereses estadounidenses, por ejemplo financiando a guerrillas como la de Boko Anam en Nigeria, la principal potencia petrolera africana que está aumentando sus vínculos con los chinos desde hace tiempo, lo mismo que otros movimientos desestabilizadores en Sudan, Congo o la costa oeste subsahariana.

      Ante este avance, Trump ha optado por saltearse varios pasos en esta estrategia indirecta y directamente ha declarado la “guerra comercial” a China, que además de intentar proteger el mercado interno de los EEUU mediante barreras arancelarias -cosa en la que también están embarcadas algunas de las grandes economías mundiales-, también preanuncia una política global de destrucción de las industrias locales de los países menos desarrollados y un mayor apriete a los mismos para comerciar con empresas estadounidenses en vez de las chinas, “apriete” que puede variar desde desestabilización política o económica hasta el financiamiento de grupos militares o paramilitares a esos fines, incluyendo alguna que otra intervención directa en caso de ser necesario. Tal vez lo que Trump olvida es que China es el principal tenedor de bonos de deuda del Tesoro norteamericano, lo que reduciría al dolar a mero papel pintado si se decidieran a vender en masa esos bonos, o tal vez sabe que muchos de sus acuerdos comerciales los Chinos los celebran en yuanes, haciendo que el mismo a futuro posea valor adicional como divisa alternativa al dolar, lo cual impediría que los EEUU financie su monstruoso déficit fiscal exportando su moneda al resto del mundo y permitiendole de esta forma emitir y emitir casi sin control alguno.

      Todo esto plantea una especie de revival de escenario de la antigua Guerra Fría, pero esta vez de forma más brutal porque aquí ya no están en juego dos modelos políticos que buscan seducir a las poblaciones mediante la calidad de vida o sus derechos políticos, sino que lo que se debate en el fondo es la puja entre un capital concentrado de matriz global contra algunas oligarquías locales que necesitan al estado-nación como escudo para desarrollar sus intereses, pero en ambos casos los derechos de paisanos de a pie como nosotros, o una mejor calidad de vida, no son cuestiones que ninguno de estos grandes jugadores tengan en su agenda. Esto explica también las contradicciones internas entre los modelos, que no se ven expresadas en los casos ruso o chino por estar allí bien consolidadas sus respectivas oligarquias gobernantes, una -la rusa- que apuesta a la consolidación de los estados nacionales para posibilitar el aumento de su propia influencia -o al menos menguar la de sus contrincantes-, o la china mediante un acérrima defensa de una globalización basada en el libre comercio que los tiene como actores centrales; pero que en el caso de los EEUU y Europa sí se expresan mediante la puja de gobiernos basados en la globalización acérrima del poder financiero y otros que intentan mantener ciertas oligarquías locales que de otra forma sucumbirían ante ese inmenso poder mediante la defensa del Estado-Nación.

      Creo que estos son los aspectos principales del jueguito del TEG que estamos viviendo hoy, cuya sumatoria lógicamente resulta en el caos perpetuo que buscan algunos estrategas del poder estadounidense para que en el mismo sean los EEUU los únicos que puedan garantizar un cierto orden, poniéndose como gendarmes del mundo y garantes de una pax americana siempre y cuando nadie se oponga a sus designios.

      Saludos. Ernesto

  3. Hola Ernesto y Diego !!!

    Más allá del enfoque global que plantea el artículo, este me obliga a direccionarse a lo propio, a lo tangible, a lo que uno ve en el día a día, donde el primer problema básico y principal es la indignante actitud de aceptación a “lo establecido” por una parte de nuestra sociedad.
    En el mejor de los casos uno ve en parte de nuestro pueblo, la frustración de no haber podido cruzar, aunque más no sea, un primer umbral en la dirección correcta hacia la autonomía y soberanía tecnológica, con todas las dificultades y falencias propias de quien viene de las cenizas. Y por otro lado, otra parte de nuestra sociedad, con un pensamiento que bien podría encuadrarse en el pelot#d@ “autocolonizado”, quién ante posibilidad alguna de poner a girar dos engranajes neuronales se alinea automáticamente con cuanta estrategia le proponga el aparato mediático al servicio de sub-intereses a su vez comandados por el stablisment.

    Es indudable que el poder mundial no dejará de desplegar su estrategia, en aras de convertir a las naciones ricas en recursos en extensiones pobladas por indigentes, mientras ellos se nutren al mejor estilo del film “La Guerra de los Mundos”, sin embargo el gen de la resistencia a ser “el negrito” de la película debe nacer de uno mismo. De mirar más allá. De poner a usar el “bocho” De darse cuenta que la 8° nación más extensa de la tierra, con tremendas riquezas, no puede darse el lujó de ser un arroyo manso en la pradera, público y gentil.

    Queridos Ernesto y Diego, imagino entenderán que mis palabras no son respuesta a sus mensajes, sino un grito de desahogo ante tanto estúpido suelto, que dentro de veinte años puteará a políticos y políticas actuales, sin asumir nunca que esta realidad es totalmente responsabilidad suya.
    El neoliberalismo, el imperialismo y cualquier forma de dominación existe y existirá, pero no hay peor dominación que la resignación y la cobardía a no luchar por una nación libre y soberana encuadrada en la dignidad, la autoestima y decir NO.

    Cuando vino Obama, hubo un despliegue no menor a 25 C-17. Pude ver y fotografiar a muchos de ellos. Agrego, creí estar dentro de una película cuando veía a dos de esos verdaderos monstruos estacionados en la terminal de carga de EZE, un tercero a metros esperando le asignen lugar al tiempo de ver las luces de otros C-17 en final de aterrizaje. Como sabrán, me fascinan los aviones, escribo sobre ellos y los fotografío. Ese día que señalo más arriba, debería haber en la zona unos 150 spotters, sin embargo no escuché a ninguno preguntarse del porqué de semejante despliegue y para qué ¿?.
    Realmente parecía la llegada a tomar posesión, luego de un largo y sangriento conflicto, solo que lo nuestro se asemeja más a un corto pornográfico, de gustoso sexo anal que a una guerra por la independencia, menos aún a la Nación que soñó el General San Martín y otros argentinos bien nacidos.

    Espero no haber fastidiado con mis palabras, pero la primer barrera de oposición al poder mundial y su despliegue es uno mismo.
    Pobre de las naciones con mentes doblegadas.

    Abrazo

    • Estimado Marcelo, comparto absolutamente tus conceptos, la esclavitud es una relación aceptada por el esclavista y por esclavo, pues en cuando este se rebela ya no es posible de darse, a menos que se acepte un nuevo sometimiento. Quien tenga algo de orgullo y amor propio seguramente se hará eco de aquella frase de Emiliano Zapata de que “mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado”, o quien profesa el culto cristiano recordará que “para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud” (Gálatas, 5:1), y así podríamos proseguir con muchas otras citas en similar sentido de muchos de los mejores pensadores de la humanidad, o de nuestros líderes y padres fundantes de la nación, para quienes la orden era que “seamos libres, pues lo demás no importa nada”, como es la máxima de nuestro ilustre Libertador Don José de San Martín.

      Ser libres es parte esencial de nuestra propia condición humana, pues no tienen libertad los seres que viven para cumplir el designio de otros, como los animales que sirven de alimento, transporte, fuerza motriz o herramienta del hombre. El ser humano que es reducido a estas funciones pierde su condición de humanidad y pasa a tener la de esos animales, la condición de mero “recurso”, y por ende su dignidad por ser, por el mero existir, pasa a carecer de valor alguno ya que -como recurso- ante su inexistencia puede ser reemplazado por otro, su vida vale poco o nada.

      Pero tal vez la peor esclavitud es la que tiene cadenas invisibles, la que se da pensando que se es libre y dueño de sus propias acciones, cuando en realidad ha sido reducido a la mera condición de recurso, que solo sirve al beneficio de otro sin esperar para si mismo nada que vaya más allá de su propia subsistencia para seguir siendo útil al dominador. Para que esto sea posible los grilletes invisibles, o la cárcel sin barrotes, debe darse por el mismo convencimiento de su libertad por parte del esclavo, y eso es posible solo si se lo convence de vivir una realidad que no es la real, una realidad virtual tal como es fácil concebirla ahora en el mundo informático. Para lograr esto deben cortarse los vínculos del sujeto a esclavizar con la misma realidad, y suplantarlos paulatinamente por una realidad alternativa. Debe fomentarse el egoísmo a ultranza y la falta de respeto al otro para que las miradas de los otros puedan hacer pensar en que el punto de vista propio puede ser diferente, y luego debe mantenerse al sujeto -ya con mínima interacción- fuera del contacto con el mundo real, o en lo posible lo más alejado del mismo. Entonces la relación del sujeto con el mundo real ya no estará dada por su propia experiencia, sino por la mediación de alguien que se la cuenta, y cuando muchos eventuales contactos del sujeto en su misma condición son mediatizados en su relación con la realidad por la misma fuente, desaparece la capacidad de contrastar experiencias y visiones, y la realidad pasa a ser la que predica el mediador, aunque la misma sea falsa. Todo vestigio que ponga o pueda poner en crisis el armado de esta realidad virtual, el pensamiento único, será calificado de falso (fijarse el actual debate sobre las fake news ¿los “medios serios” no mienten?), y todo aquel que denuncie la falsedad será tildado de loco o subversivo, mereciendo su supresión inmediata. Como este destino finalmente es el que se difunde, el sujeto sabe que, de no aceptar los términos falsos de la realidad mentirosa que ahora es la “real”, seguirá el mismo triste destino de los suprimidos, y por eso aceptará mansamente las condiciones que su amo le quiera imponer, sobre todo una vez que su misma subsistencia dependa de la voluntad del esclavista. Una vez llegados a este punto no es necesaria la existencia del “cerco mediático”, aunque se le presente la realidad real ante sus mismos ojos y demás sentidos, el alienado (es decir, quien vive una realidad falsa) pondrá todos sus mecanismos defensivos mentales del status quo en acción para evitar que aceptar la idea lo que le está prohibido aceptar.

      Este mecanismo “blando” para construir la esclavitud es archiconocido y fue objeto de muchos estudios académicos, obras literarias y películas, pero no por ello deja de ser efectivo. Por esto mismo también es sabido que la forma de salir de este grado de sumisión es a partir de aceptar el sacrificio en pos de un ideal superior, y cualquier ideal de ese estilo es el que se que hoy se cuestiona en favor de lo “políticamente correcto”, o sea se lo suprime en función de aceptar el ideario político que valida a la misma sumisión y no se aparta de los cánones del pensamiento único. Cualquier relación que ligue al sujeto con la realidad “real”, con la naturaleza misma de las cosas (y no con su mera apariencia), con otros no intoxicados mentalmente supone un peligro que se debe correr si no se quiere terminar alienado, y por ello aceptar el peligro es una primer condición de rebeldía (¿no es llamativo que en función de “cuidarnos” del peligro, de nuestra “seguridad”, se legisle restringiendo nuestra libertad en decisiones y derechos personalísimos?¿que intención tiene todo el discurso mediático dirigido a que evitemos todo riesgo?). El primer riesgo es quedar socialmente aislados, ser los nuevos parias o leprosos, pero superada esta barrera el riesgo implica el castigo físico, hasta con la posibilidad de la muerte. Por eso la idea a seguir debe ser poderosa, y también alcanzable, pues nadie quiere poner su cuero en riesgo por utopías, y menos si piensa que luego de la muerte no existe nada que nos recompense de los sufrimientos asumidos (creencia actual de muchos fieles católicos, lo cual es una misma contradicción de fe solo explicada en el formateo realizado por el pensamiento único), o que guarde nuestra memoria para las generaciones venideras (pensamiento del héroe).

      Además de estas posibles opciones hay una tercera, que es el error fundamental del esclavista. Como he dicho, es menester que el esclavista vele por la subsistencia del esclavo, pues cuando éste nota que tal cosa no sucede y su sacrificio es inminente, el mismo instinto de preservación rompe todas las barreras impuestas por la alienación y provoca la rebeldía, con un contenido importante de ira y furia, con lo cual tiene el potencial de ser contagiosa en otros esclavos en similar condición de riesgo de desaparición. Este hecho fue estudiado por el marxismo en el siglo XIX y llegó así al concepto de “ejército de reserva”, o sea una legión de proletariado que aunque no fuera explotado en ese momento, se le garantizaba una mínima capacidad de subsistencia y reproducción para evitar que se rebele, y que serviría para reemplazar en las áreas de producción a aquellos trabajadores que no aceptaran las condiciones del capitalista. Bajo ese concepto algunas sociedades occidentales abrazaron la idea del Estado de Bienestar para evitar que esas masas populares se rebelaran, y algunas pocas hasta lo hicieron pensando en dar satisfacción a las necesidades elementales del ser humano para permitirle no solo una mejor calidad de vida sino el desarrollo pleno de su potencial. Este modelo, que se comienza a extender a partir de la década de 1930, fue puesto en crisis luego de la caída del Muro de Berlín en 1989, pues ya la “amenaza comunista” había desaparecido y no tenía sentido que los oligarcas locales y capitalistas globales resignaran parte de sus ganancias para contener a una masa que ya no tenía quien la aglutinara en su contra. Así, a partir del llamado “consenso de Washington”, comienza la implementación de medidas de desmantelamiento progresivo del Estado de Bienestar, y su reemplazo por el sistema neoliberal, buscando la desaparición del Estado y de sus instrumentos en pos de una globalización que permitiera el libre flujo de capitales de forma desenfrenada. Con un Estado debilitado, las naciones quedaron solo como cascaras vacías o meras referencias geográficas (“países”, simple referencia al “paisaje” geográfico), pero con ello fueron cayendo también los mecanismos de contención social y grandes masas de indigentes se suman día a día en todo el mundo a una legión de desahuciados sin futuro, o sea se elimina el mismo concepto de “ejército de reserva”.

      Todavía es demasiado pronto para evaluar que puede pasar con esta enorme masa de desahuciados, pero lo esperable es que se aferren a hacer cualquier cosa que les permita sobrevivir, y cuando las changas, el cirujeo, o la delincuencia dejen de ser opciones que les garanticen la subsistencia, es solo cuestión de tiempo para que cualquier líder pueda lograr aglutinarlos y, no teniendo demasiado por perder, asuma los riesgos necesarios para tratar de cambiar el orden de las cosas. Hasta hoy muchos de estos líderes son creados por el mismo sistema, para fomentar grupos radicales que sirvan a sus intereses desestabilizadores (ISIS, Boko Anam, las maras centroamericanas, los carteles narcos, etc.), pero también -cuando la falta de futuro afecta a los sectores medios- de que surjan movimientos antisistema, sean de tinte totalitario (como la nueva derecha europea), independentistas (en aquellas regiones que no quieren repartir su renta geográfica), o de tinte izquierdista más o menos soft (Frente Grande en Argentina, FA en Uruguay o PT en Brasil, el chavismo en Venezuela y los movimientos “progresistas” de la Europa del Mediterráneo), pero también hay un potencial para que se generen otros movimientos de resistencia alternativos según esquemas imprevistos y no planificados. Con que solo uno de ellos triunfe y logre mantenerse airoso a los embates del poder financiero global sera suficiente para que su ejemplo se reproduzca a lo largo y ancho del planeta, y esto necesariamente debe tender al cambio de estrategia global de las grandes potencias.

      Tal vez parezca utópico, pero me resisto a pensar que la humanidad pueda aceptar mansamente el triste destino que los poderosos del mundo le tienen trazado, aquí no está en juego una puja entre modelos políticos sino entre quienes defendemos la condición humana de aquellos que pretenden suprimirla para poseer simples recursos descartables según su antojo en cualquier lugar del planeta. La batalla por la humanidad recién comienza.

      Un abrazo. Ernesto

  4. Mensaje muy claro del vampirismo de E.E.U.U. Los muchachos del norte se han diversificado en estrategias: guerra convencional, fruto podrido, particularmente, Venezuela (Cuba es solo para satisfacer al caudal de votos de los gusanos de Miami). Lo último, es el arma judicial que está arrasando el Cono Sur.
    Además, la embajada norteamericana, volvió a poner presidentes títeres. El papel de estos es preparar a la sociedad para que con resignación y alegría acepte sus nuevos dueños. Acaso es casual el constante olvido de Las Malvinas en mapas oficiales. Es casual suplantar a los “próceres” de los billetes por “simpáticos animalitos”. Es casual izar una bandera de las Falkland el 9 de julio? Definitivamente no.
    Gran parte del problema es que el medio pelo mira para otro lado mientras se babea con los cuadernos de la buena memoria. Más aún, si se hiciera una consulta popular seguro preferirían cambiar de bandera.
    La acción está en curso y delante de nuestras narices. El futuro presenta una disyuntiva: Colonia o protectorado?

    • Estimado Diego, creo que la opción hoy está en disputa, puede que a cierta tilingada juvenil criada a TV por cable e internet la nacionalidad le importe un comino, al igual que al mediopelo típico que preferiría ver ondear a la Union Jack en vez de los colores de nuestra bandera que en su momento representaron la libertad iberoamericana, pero hay un sector mayoritario de la población para el cual los símbolos de la nacionalidad aún tienen algún valor más allá de los partidos de la selección de fútbol en un mundial, representan una pertenencia a un lugar en el mundo que, aún denostado por el poder imperante, puede soñar con un destino mejor, porque en algún momento de la historia lo ha alcanzado a pesar de tener fuerzas formidables en contra.

      Ese es el peor peligro para colonialistas y entregadores, la memoria histórica y la conciencia del pueblo en poder alcanzar sus aspiraciones libertarias y de desarrollo aún esto pareciera imposible, y por ello nos tratan de convencer -infructuosamente por cierto- del “fin de la historia”, de la “imbatibilidad” del poder hegemónico, de que el “único camino posible” es la dependencia servil e inhumana. Lo han hecho antes y han fracasado, y nada hace pensar que ahora no fracasen nuevamente, pues -como dije antes en la metáfora del esclavista- ninguno de estos regímenes dependientes está pensado para mejorar la vida de sus esclavos, ni garantizarles las mínimas condiciones de subsistencia, y eso hace que no posean sustentabilidad en el tiempo pues en algún momento los pueblos se cansan y reaccionan, aún para ganar la subsistencia que se les niega colectivamente.

      Por ello soy de los que piensan que la historia se sigue escribiendo de momento en momento, y que el futuro todavía es una hoja en blanco., puede que haya intenciones y tendencias que permitan vislumbrar algo del porvenir, pero las fuerzas en pugna son tantas que todavía todo está por escribirse, y eso en definitiva depende de nosotros mismos.

      Saludos. Ernesto

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