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Cuando la persiana se baja…

Escribe Rosendo Pío Gabino para https://interesestrategicoarg.com/

Política, arte y abstracción

En las calles, el arte se manifiesta de mil formas. Una de ellas, como mencionó alguna vez Julio Cortázar, son los afiches publicitarios y sus pegatinas superpuestas. Capas y capas de colores, de nuevas imágenes que generan y recrean en cada mente; un personaje, un momento, una foto. Bajo el crepúsculo una legión de pegadores inicia su ronda. En esta carrera el resultado es a la inversa: el que llega último gana. Hasta hace pocos días los “promocionados” con caras triunfales, cutis perfectos, relucientes y dientes tan blancos que deben ser vistos con anteojos de sol, no pertenecían a modelos de alguna campaña de ropa, perfumes o agencia de viajes. No, no lo eran. Esos rostros cuidados y refinados “tecnológicamente”, salvo excepciones, donde hay casos imposibles de mejorar, pertenecen a los candidatos que habían logrado superar las PASO. Sin embargo, y a pocos días de haber concluido el voto final, esos rostros, ya están en pleno proceso de descomposición. Muchos habían sido mutilados en vida, en plena campaña. En algunos casos por los jóvenes vándalos del todo. Otros, simplemente, para descargar su ira clasista.

Todos se ven añejos, lejanos, perdidos en el tiempo, en completo estado de abandono. Solo los más acaudalados, logran cierta perennidad. Esa minoría que son retratados “a lo grande” miran desde lo alto de una terraza, un puente o un edificio.

Temporada baja

Pasado el domingo, el conurbano profundo recupera su habitual trajinar. Cientos de barrios vuelven a su estado natural de perpetuo desprecio social. Simples puntos geográficos lejanos, perdidos, casi desconocidos.  El fin de la campaña emula la llegada de marzo a las costas argentinas. La temporada terminó, los negocios cierran. El frío y la lluvia le ganan al sol. No tiene sentido permanecer.

En ese mundo, muchas veces hostil para vivir, la prole lucha contra el destino de no haber salido de una vagina de oro. ¿Destino, suerte o karma? En esas calles, a veces senderos o pasadizos, solo circulan autos tullidos, que, a cada loma o bache, dejan una parte como ofrenda a la diosa tierra. A cada metro están más cerca de su final. El tráfico se completa con carros tirados a sangre humana o animal. No hay semáforos, ni sendas. Es una retracción al  siglo XIX.

Los pibes descalzos, las madres desdentadas y los viejos en la vereda hablando de glorias pasadas quedarán huérfanos, faltos del abrazo fraterno y la caricia que alivia el alma.  En el horizonte ya no se avistan las carabelas portadoras de los dadores de civilización. Los misioneros emigraron como las gaviotas en el cambio de estación. Los perros famélicos no tienen nuevos extraños a quien ladrar.

Concluida la misiva todo está más claro; los visitantes solo eran corsarios haciendo uso de su patente.  Por este motivo, el barro, presente y eterno, en cientos de barrios seguirá dominado al anhelando asfalto, que, junto a las cloacas, fueron y serán la promesa más común e infame de cada elección.

 

Volviendo de viaje

Los candidatos de ayer, los electos de hoy, colgaron su ropa de trabajo en el ático. Para muchos fue entrar en el salvaje oeste, ahí, donde civilización y barbarie son un límite muy fino.  La experiencia fue traumática. En su vida lo más cercano al barro es la bosta de las cabellerizas donde practican polo o equitación.

La campaña fue agotadora. Con tono extenuado dicen:   “Caminamos toda la provincia”. No han parado de hablar, abrazar y besar; decálogo de blasfemias.  Muchos irán a misa a confesarse y redimirse.  ¿Cuántos padres nuestros recibirán como castigo a tantas falacias y mentiras proferidas en tan pocas semanas?

En la unidad básica, el plano de la provincia marcado y segmentado perdió todo protagonismo. Está a un costado, de espaldas, ignorado. Los punteros volverán a sus labores diarios.  Las bolsas con alimentos, los colchones y otros electrodomésticos, que vienen pegados a la boleta (¿gravedad, magnetismo?) hasta nuevo aviso no se entregarán. La dama con cara de tragedia que jugó a ser candidata retornará a gobernar por un rato, es que, la campaña para el diecinueve está cerca. Sentidas y espontaneas cartas escribirá para sus “queridos bonaerenses”.  Como en la historia de Luscinda  y Cardenio nuevos dramas evocará.

Los declarados perdedores, arderán en internas. Las alianzas pasajeras se agrietan antes de su fecha de vencimiento. Los soberbios están el abismo. La próxima elección reactivará el amor al hermano en desgracia. Mientras tanto esas tierras seguirán en el olvido, cubiertas, como la Atlantis.

 

 

 

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