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La Defensa Nacional no pasa por incrementar arsenales, sino por implementar una verdadera Justicia Social

Por Ernesto T. Argento

Sobre los desaguisados en el accionar de la “justicia” y de las FFSS en la desaparición forzada de Santiago Maldonado  y en el caso de Luciano Arruga, y a mi entender aún más allá de la responsabilidad que le cabe al gobierno por su inacción en esclarecer lo sucedido a la par de su rápido accionar en tratar de encubrir, es que justamente pasó lo que pasó porque la justicia y las FFSS junto a las FFPP, verdaderamente actúan como guardia pretoriana de los terratenientes de la zona.

La desprotección y el abandono al cual el Estado somete cotidianamente a sus ciudadanos de a pie en favor de proteger y amparar a los más poderosos, en algunos casos -como los Benetton y otras multinacionales- ni siquiera habitantes de este país. Creo que está claro es el trasfondo de la aparición de estos movimientos indigenistas, así como de otros en diferentes aspectos culturales y políticos que no ven al Estado-Nación como una entidad llamada a mejorar su calidad y posibilidades de vida sino que, por el contrario, los somete a toda clase de penurias y arbitrariedades para sostener los privilegios de una pequeña clase dirigente. Una vez que a un grupo social lo gana esta sensación, cualquier motivo puede resultar un catalizador que aúne voluntades alrededor de cuestiones de tradiciones culturales, étnicas, religiosas, etc., las que desconocen la misma existencia de ese Estado-Nación. Trabajando con los conceptos usuales de Pueblo, Estado y Nación, se puede decir que estas porciones de población no se identifican con el Pueblo del Estado-Nación, y por ende pasan a reivindicar su pertenencia a otros Pueblos, Estados o Naciones, la mayor parte de los cuales son esencialmente imaginarios.

De esta forma han nacido los Estados-Nación modernos (y por “modernos” me refiero a uninacionales) a partir del siglo XVII, y de esta forma hoy se están desintegrando. Ya tenemos ejemplos en todo el mundo en donde esto sucede desde hace tiempo con los ejemplos más recientes en el secesionismo catalán o escocés, queriendo resolver problemas actuales en tradiciones nacionales imaginarias, o bien el espejismo del Califato soñado del Estado Islámico (tal vez una versión infausta de la Tierra Santa del sionismo de Balfour/Rothschild, que terminó siendo en Palestina pero que perfectamente podría haber estado en nuestra Patagonia), o los kurdos. Esos catalanes y escoceses a los que se los relega económicamente en función de lo que aportan, o judíos, musulmanes o kurdos segregados, dejados de lado y estigmatizados por las sociedades en donde viven son muestras por arriba o por debajo que la cantidad de Pueblos, Estados y Naciones es algo que varía constantemente, y que los límites territoriales en los mapas son posibles de variar en cualquier momento.

Por más que se lo reprima, este movimiento indigenista no es más que la punta de lanza de un fenómeno mucho más amplio que se replica en los campos y ciudades de nuestro territorio, en sectores de población cada vez más importantes que están quedando “fuera del mapa” en cuanto a posibilidades de sobrellevar una vida digna, y que conviven junto a otros que están amurallados en countries, shoppings y lugares de veraneo exclusivos detentan sus excesos por los medios. Ello provoca amplitudes sociales y económicas muy grandes que siempre son fuente de conflictos, pero sobre todo visiones divergentes sobre lo que significa ser ciudadano de Argentina o no serlo. Si el Estado no hace nada para mejorar las condiciones de vida de los sectores desprotegidos, a la par de limitar el poder de los poderosos dentro de las leyes del común, aumentarán cada vez más la brecha generada por la visión divergente, y en algunos años estaremos sufriendo por estos lares situaciones que hoy vemos en las secciones internacionales de los noticieros, y en ese despelote no faltará quien proponga la secesión de una parte de nuestro territorio, en especial de grandes multinacionales apoyadas sobre porciones con grandes riquezas naturales.

Entonces, hoy por hoy y en nuestro país la Defensa Nacional no pasa por incrementar los arsenales, sino por implementar una verdadera Justicia Social, no en aumentar la brecha sino en tender puentes para que toda la población de nuestro país sea contenida y respetada por el Estado, y que todo el mundo, sea fuerte o débil, tenga posibilidades ciertas de desarrollo y de respeto en su condición de vida. Si eso no sucede seremos presa fácil de los poderes fácticos globales, olvidando aquella máxima del Martín Fierro en cuanto a que cuando los hermanos se pelean los devoran los de afuera. Creo que es hora de respetar la diversidad cultural como camino para desarrollar la Justicia Social, y ello más temprano que tarde implica la aceptación de la plurinacionalidad, de forma similar a lo que la previeron originalmente quienes fundaron las Provincias Unidas en Sud América.

Tal vez de esa forma algún día la Patagonia y otros sectores de nuestra geografía vuelvan a ser nuestros y no de los terratenientes, mineras y petroleras, como lo es ahora y lo viene siendo desde hace más de un siglo y medio, y que es en definitiva lo que el conflicto con los activistas mapuches ha desnudado.

La Defensa Nacional no pasa por incrementar arsenales, sino por implementar una verdadera Justicia Social – Por Ernesto T. Argento©

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11 Comentarios en La Defensa Nacional no pasa por incrementar arsenales, sino por implementar una verdadera Justicia Social

  1. Coincido con el titulo pero de ninguna manera con el contenido. Los Estados Nacion como forma politica de organizar una sociedad dentro de limites es la forma mas acertada de hacerlo. Los Movimientos como el Mapuche, pueblo no solo no originario , sino usurpador, con sede en Londres, es una punta de lanza de la estrategia de alguien mas. Mal se puede mencionar la proteccion del Estado argentino a Benetton por un lado y reivimndicar el reclamo de un “pueblo originario” con sede en Londres por el otro.
    Por demas, la forma en que se expresan para mostrar su legitimidad, es matando gente, quemando propiedades, usando floggers del conurbano devenidos lideres de pueblos originarios,…. es una joda al ciudadano comun.
    Por otro lado y volviendo al tema social de nuestro pais, acuciante por cierto, no se soluciona con mas dinero volcado al sector social. Ya esta demostrado en 12 años de kirchnerismo que NO HABRA MOVILIZACION SOCIAL A FUERZA DE SUBSIDIOS. No se deja de ser pobre con Ahora 12, Plan Trabajar, planes de esto y aquello. Para dejar de ser pobre no solo hace falta trabajo de calidad, sino valores.
    El Estado (los politicos en general) no le encuentran la vuelta, porque ellos mismos no son depositarios de valores. A eso sumenle la destruccion del tejido social desde Menem a la fecha.

    Veremos como se las arreglan para salir de este problema, pero lo que para mi si esta claro es que, como decia Enrique VIII, la diplomacia sin armas es igual a querer tocar musica sin instrumentos.
    Nadie respeta a los debiles; aun con pobres, hay que invertir en Defensa.

    Saludos

    ,

    • José Luis, estoy de acuerdo con lo que vierte en el último párrafo respecto a a que “la diplomacia sin armas es igual a querer tocar música sin instrumentos”. Considero acertada la afirmación de que inversión en Defensa (aunque no de cualquier forma) es fundamental para la Defensa Nacional. Sin embargo, disiento en buena parte lo que expresa en la primera parte de su comentario.
      Sin bien no soy partidario del “indigenismo” (soy reivindicador de la “raza cósmica” de la que hablaba Vasconcelos) , creo que su opinión es bastante errónea. Con todo respeto, llamar a todos los mapuches “usurpadores, con sede en Londres” me parece un despropósito que falta a todo tipo de verdad. Es una generalización injusta. Se que hay ONGs “indigentistas” que difunden el separatismo y que entre algunos pocos mapuches esa idea a prende (los miembros de Mapuche-Nation, por ejemplo). Pero son los menos. Son una minoría insignificante, aunque ruidosa. Es como decir que porque el ISIS o Al Qaeda hacen antentados, entonces todos los musulmanes son terroristas. No hay nada mas falto de verdad que eso.
      Seguramente que todo el odio que vuelca occidente hacia los musulmanes (fomentada por el discurso tendencioso de las grandes potencias con intereses imperiales en medio oriente y por los medios de comunicación hegemónicos), favorece que aparezcan este tipo de organizaciones, pero no hay que confundir. De la misma manera, el desconocimiento de la marginación a la que son sometidas ciertas comunidades de origen indígena, sumada a la criminalización a las protestas que estas puedan encarar en nombre de su reconocimiento, seguramente tenga como consecuencia que en algunos miembros de estas prenda la idea separatista. Pero, vuelvo a decir, son los menos. A ni Jones Hualas ni Félix Díaz (para el caso de los Quom) me gustan. Este último incluso me pareció un operador del macrismo. Pero ni Jones Huala son todos los mapuches ni Féix Díaz son todos los Quom. Eso es lo que te quieren hacer creer desde el discurso colonizando de los que gobiernan para los grandes terratenientes extranjeros.
      Yo comprendo a la nación argentina como una nación diversa, compuesta de elementos culturales de diferentes orígenes. Uno de esos orígenes proviene de las comunidades aborígenes que habitan en estas tierras antes de la colonización española y, en el caso específicamente argentino, antes de la campaña del desierto (tanto en la patagónica como chaqueña). Por lo tanto, esos que vos llamas usurpadores, son tan argentinos como vos y como yo. Si, como hace el gobierno, se trata como si fuesen extranjeros a los propios argentinos y se trata como si fuesen nacionales a los terratenientes extranjeros, el conflicto social con las comunidades indígenas lo vas a tener a la orden del día. Hay que se inteligente con esto porque en el afán de quedar como un patriota podes estar siendo funcional al discurso separata.

      Saludos
      Gonzalo

    • Estimado José Luis, los Estados-Nación son una forma de organizar una sociedad dentro de límites territoriales, pero de ninguna forma ha sido la única forma ni tampoco la más efectiva. Después de todo, ese tipo de organización es un artefacto político bastante reciente en la historia de la Humanidad, con solo unos pocos siglos de existencia. Hace 300 años nadie en el mundo sabía lo que era un Estado, una Nación o un Pueblo, todos esos conceptos fueron acuñados a partir de las postrimerías del siglo XVII. o sea que estamos hablando de algo muy reciente en la experiencia política del Hombre. Y dentro del Estado-Nación en todo caso habría que definir si se está hablando de un estado uninacional o plurinacional, además de las propias modalidades de gobierno que se adopten en cada uno de ellos. Ya nuestros padres fundadores habían imaginado a las Provincias Unidas en Sud América como un estado plurinacional gobernado por un jefe de estado fuerte y organizado en un sistema federal con cuerpos de representantes que mediaran en los intereses de cada uno de los estados subornidados, pero también en el cual cada uno de los mismos se pudiera dar libremente su forma de gobierno con independencia del poder central pero siempre que se atienda a las particularidades culturales de sus pueblos. A esto se oponían algunas elites locales porque contrariaba sus intereses, con la porteña a la cabeza, y ello desencadenó a partir de 1820 las luchas fraticidas que se venían gestando desde antes.

      El concepto anterior fué combatido por estas élites, y cuando triunfan las alineadas con los intereses centralistas porteños comienza a tomar forma la idea de un estado uninacional, que es la idea de la Argentina moderna. El mismo término de “argentino” no existía sino hacia el primer tercio del siglo XIX, y era utilizado informalmente por algunos europeos para nombrar a quienes habitaban la margen derecha del bajo Paraná, en realidad el sur de Santa Fe y la zona rioplatese de la Provincia de Buenos Aires, o sea que esta también es una idea nueva, y bastante restrictiva por cierto. Con esta idea restrictiva se crea la noción de la Argentina que hoy conocemos, que será plasmada con los gobiernos de Bartolomé Mitre y sus sucesores Sarmiento, Avellaneda y Roca. Allí se configura con mayor fueza el modelo nacional excluyente (y dependiente) que hoy tenemos, y que poco y nada tiene que ver con que imaginaron próceres de la talla de Don José de San Martín, que no por nada eligieron vivir en el exilio.

      Respecto a la catalogación como “originario” del pueblo denominado mapuche, efectivamente se debe a que el mismo es uno de los pueblos originarios reconocidos por nuestra legislación, con una ocupación efectiva de una porción de nuestro actual territorio -según los hallazgos científicos- en la región cordillerana que data de unos 6000 años antes de Cristo, o sea que habitan el hoy territorio argentino desde la Edad del Cobre asiática, en donde recién se inventaba la rueda y el arado, o sea mientras Europa era habitada por tribus nómadas que vivían de la caza y de la pesca, y en Egipto se comenzaba a cultivar cereales y el arroz en Asia. Realmente decir que un pueblo asentado con esa antiguedad en nuestro territorio no solo no es originario sino que también es “usurpador” es muestra de una profunda ignorancia. Vale para aclarar este equívoco pergeñado por los terratenientes extranjeros -y con perdón de lo extenso de la cita pero vale la pena- un comunicado emitido emitido en enero de este año por el CONICET de los investigadores de la Sección Etnología del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, el cual afirma:

      “Comunicamos nuestra preocupación, una vez más, por la recurrencia de discursos y relatos sesgados y erróneos sobre la realidad de los pueblos indígenas actuales y sus orígenes. Como investigadores que trabajamos con pueblos originarios de Argentina y de otros países de América del Sur, respaldamos una parte sustancial de nuestras investigaciones en etnografías llevadas a cabo en los territorios comunitarios y en los márgenes de las zonas urbanas, en las que se instalaron las familias indígenas que fueron forzadas a desplazarse desde mediados del siglo pasado.

      Si bien en las últimas décadas la destrucción de sus territorios intensificó las migraciones, también se da un proceso inverso y algunos deciden volver a la tierra. Este proceso de retorno —al que suelen referir como “recuperaciones”— pone al descubierto el despojo territorial que vivieron sus mayores, así como los métodos fraudulentos y violentos empleados tanto por privados como por el propio Estado.

      Numerosas investigaciones antropológicas e históricas contextualizan estos procesos de despojo y permiten explicar por qué Benetton es hoy el mayor propietario de la Patagonia, en tanto que la mayoría de las comunidades indígenas territoriales se encuentran en tierras consideradas fiscales, sin títulos de propiedad comunitaria, bajo la amenaza constante de desalojo. Por lo tanto, las “recuperaciones” no son actos terroristas ni amenazas a la seguridad nacional, tal como sostiene el Ministerio de Seguridad de la Nación. Son llamados de atención sobre historias silenciadas en el relato oficial de la colonización, sobre los efectos negativos de la extranjerización de la tierra y de la intervención del capitalismo extractivista, y revelan la continuidad de la colonialidad en el presente.

      Por otro lado, tal como indica el nombre de nuestro lugar de trabajo, algunos de nuestros estudios examinan las clasificaciones etnológicas, sus contextos de producción y las relaciones de poder subyacentes. Coherentes con dichas investigaciones, nos vemos en la obligación de aclarar dos enunciados fundados en el desconocimiento que, si bien son antiguos, se actualizan en estos días.

      Afirmamos, por lo tanto, que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches. La mayoría de los etnónimos (nombres de los pueblos indígenas) variaron entre el siglo XVIII y el presente; algunos son nombres que se dan a sí mismos —como por ejemplo “mapuche”— y otros fueron impuestos —como es el caso de los términos “araucano” y “tehuelche”. Vale decir que “araucanos” no es el “verdadero nombre” de los mapuche ni tampoco es el nombre de los “antiguos mapuche”; es apenas el nombre que los españoles quisieron darles.

      Los mapuches, por otra parte, no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile. A su vez, las alianzas matrimoniales entre unos y otros y los desplazamientos producidos por el avance de los Estados sobre sus territorios dieron lugar a que muchas familias se identifiquen en el presente como mapuche-tehuelche, tal como ocurre en la actual provincia de Chubut. Los tehuelches, por otra parte, no “se extinguieron”, sino que desde hace varios años luchan para demostrar que continúan existiendo y, en la Patagonia austral, han comenzado a identificarse en el espacio público como aonek’enk. Los responsables de su marginación e invisibilización no fueron los mapuches, sino las políticas de colonización.

      Convencidos de la importancia de evitar lecturas sesgadas de la historia y del presente, en la vía para reparar injusticias y subordinaciones, invitamos a quienes deseen profundizar en el conocimiento de estos temas a considerar, en primer lugar, las voces de los propios pueblos originarios, que se expresan a través de sus organizaciones y líderes, en los medios de comunicación y en las redes sociales.

      Los invitamos también a consultar los numerosos estudios actualizados, disponibles en internet, mediante los cuales los investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de diversas universidades nacionales contribuimos a resolver problemas que preocupan a nuestra sociedad.”.

      Más claro imposible, quien quiera oir a la ciencia que oiga, y sino que se siga opinando según las barbaridades que se dicen en los medios.

      Respecto al tema de la movilidad social ascendente (calculo que eso habrá querido decir con su expresión “movilización social”) es cierto que la misma no se logra por medio de planes asistenciales, sinó con políticas inclusivas generales basadas en la justicia social. Pero esta justicia social no puede darse mágicamente, sino que debe ser acompañada de otros conceptos para hacerla posible, que son la soberanía política y la independencia económica, porque un país dependendiente de poderes externos o concentrados en lo político y económico mal puede intentar sustentar un sistema social que tienda al desarrollo íntegro del ser humano. A lo sumo -y como lo quieren tales poderes- podrá sustentar un sistema asistencialista que mantenga el status quo, y cada vez de una manera más restrictiva a medida que los recursos fiscales disponibles para ello son captados para su giro al exterior mediante regalías o pago de deuda externa. Tampoco podrá hacerlo si no dispone contrapoderes que balanceen al poder económico concentrado, y si el Estado no juega un activo rol director en el rumbo político y económico nacional, aún más en un país como el nuestro, en donde el “mercado” es muy pequeño y donde gran parte del empleo y la actividad económica depende en gran medida del Estado. Por ello en gobiernos como el actual, que pretenden aplicar aquí modelos pensados para otras épocas y otras latitudes, obtienen como resultado solo profundos fracasos que dejan miles -cuando no millones- de personas viviendo peor de lo que vivían, y eso es siempre fuente de conflictos, se den estos como violencia organizada -la violencia política de las organizaciones armadas-, o bien con la violencia social expresada en el aumento de los delitos comunes y la violencia en los mismos. Ya hay demasiados estudios sobre este tema a nivel mundial como para que me siga extendiendo en este campo.

      Respecto a que la diplomacia sin armas no funciona, o que nadie respeta a los débiles, pueden ser conceptos con cierta razonabilidad, pero siempre que se entienda en donde reside el poderío de un país. La influencia política, económica, social y cultural son armas tal vez mucho más efectivas para una nación que un enorme arsenal de armamento, y países con FFAA relativamente débiles como Suiza, Suecia, Irlanda contrarían este concepto. Nadie diría que el Vaticano es un estado débil por carecer de FFAA, o que Luxemburgo carezca de peso diplomático por tener una pequeña fuerza militar. Uso estos ejemplos extremos para que se entienda el concepto, que es aplicable en otros casos. Sin perjuicio de esto, lo que demuestra la historia de los conflictos tradicionales, en especial los de largo aliento, es que aquellas sociedades más empobrecidas no han podido obtene -ni mucho menos sostener- triunfos militares, dado que los mismos llevan a tales penurias a la población que causan rebeliones y revoluciones en sus propios países, pierden lo que von Clausewitz denomina “voluntad de lucha”, que al fin y al cabo es la llama que sostiene el poderío militar de un pueblo. Además, con un pueblo empobrecido crecen las posibilidades de revueltas internas, lo que puede ser aprovechado por terceros estados para sus propios intereses.

      Por todo ello el interés de un gobierno que pretenda ser respetado internacionalmente debe estar centrado en el bienestar de su pueblo, y el mismo no es posible si una buena parte de los recursos fiscales van a parar a gastos improductivos como lo son los gastos militares, y sobre todo si los mismos suponen una fuga importante de divisas y un freno al desarrollo local por estar basados en armamento de origen foráneo. Hay un equívoco difundido que dice que la guerra ha permitido el desarrollo industrial de potencias como EEUU o Europa, cuando la cuestión es justamente a la inversa, esos países han podido ser potencias militares por haber sostenido antes de la guerra una industrialización en gran escala, liderada por un rol activo del estado en este sentido. Esas potencias carecen de deuda externa, son los grandes prestamistas financieros a nivel global, y sus cuantiosos arsenales están compuestos por armamento de origen local, sosteniendo de esa forma su desarrollo científico y tecnológico, del cual son más que celosos. Los niveles de vida de su población son envidiables, aún con la caída del Estado de Bienestar producto del fin de la Guerra Fría.

      Creo que más claro no se puede ser a la hora de ver en donde se asienta el poderío nacional, en el cual el poder militar es solo una consecuencia del desarrollo político, económico, social y cultural de un pueblo. Por ello, el combate a la pobreza y a la exclusión hoy en día es la mejor lucha que podemos dar en pos de aumentar nuestras posibilidades de defensa nacional, unos cuantos aviones cazas más o menos finalmente no harán la diferencia en los desafíos y amenazas que nuestro país tiene por delante.

      Saludos. Ernesto

  2. Muy buena reflexión Ernesto T.Argento. La resolución de la “cuestión social” como parte imprescindible de la Defensa Nacional fue un concepto que ya señalaban los militares industrialistas de comienzo del siglo XX como parte de las enseñanzas que dejó la Primera Guerra Mundial. Tal vez el gobierno de Perón fue la mayor manifestación de esta idea, cuya síntesis la expresó en el famoso discurso de inauguración de la cátedra de Defensa Nacional en la UNLP el 10 de junio de 1944.
    La 1° Guerra Mundial demostró que la guerra ya no es una cuestión solamente de “poder bélico” sino un “fenómeno social”. Sobrepasa lo estrictamente militar y armamentístico. La Guerra moderna ya no es una guerra de ejércitos contra ejércitos sino una contienda de pueblos contra pueblos. No es algo que concierne a las FFAA solamente sino que, en una guerra se ven involucrados todas las “energías” de la Nación, todas las “fuerzas vivas” del Estado, para derrotar al adversario, es decir, todas sus actividades políticas, sociales, económicas, industriales y financieras.
    Si se quiere triunfar en la guerra moderna se debe tener, por lo tanto, una INDUSTRIA FUERTE y una NACIÓN UNIDA.
    Un gobierno que sostiene políticas económicas excluyentes, oligárquicas, clasistas y antinacionales, nos lleva por el camino de la disolución nacional. Cambiemos es la máxima expresión del PROYECTO COLONIAL que nos quieren llevar a ser el país-estancia que Mitre buscó imponer a sangre y fuego luego de Pavón. Para el proyecto colonia, 20 milones de argentinos sobra. PAra el proyecto colonial, “el mal que aqueja a la Argentina es su extensión”. El proyecto colonial que hoy nos gobierno, es el gobierno de la desintegración nacional planificada. Y acá es donde cobra total importancia su reflexión, estimado Ernesto.
    ¿Dé que vale comprar armas si no hay un proyecto de Nación? ¿qué implica comprar armas cuando lo que se busca imponer es un proyecto colonial? Uno ve en los foros de Defensa que se habla mucho de “compren esto”, “compren lo otro”, como si la Defensa Nacional pasase por quién tiene las mejores y mas modernas armas. Se olvidan que atrás de todo siempre está la política y, por lo que veo, esta gente muy opinadora, que se cree que sabe mucho por saber diferenciar un avión caza coreano de un avión caza francés (yo no tengo ni puta idea), en realidad quedan muy limitados al no dar cuenta de esto.
    Por supuesto, ello no implica en nada olvidar la inversión en Defensa y el incremento de arsenales, pero ambos sustentados en una industria y un desarrollo científico-tecnológico nacional. Sabemos que todo proyecto de desarrollo, inclusivo, que mejore la calidad de vida de las personas y que integre a las porciones de poblaciones marginadas a la sociedad nacional concebida como diversa y compuesta por diferentes elementos culturales a los cuales hay reconocer y proteger, no pude concebirse sin un desarrollo productivo sustentable, no predatorio del medio ambiente y de los recursos naturales, y que este al servicio del bienestar de la población y no de unos pocos capitalistas ambiciosos.

    Saludos
    Gonzalo

    • Gracias por sus conceptos sobre mi opinión estimado Gonzalo. Dejo la respuesta a algunos conceptos de su otro comentario para cuando tenga un poco más de tiempo.

      Ahora solo pretendo recordarle una cuestión que Ud. sabrá pero que puede ser de interés para otros lectores, cual es que Juan Domingo Perón, si bien inspirado en la escuela de “nación en armas” o “guerra total” de Colmar von der Goltz, fué el más importante redescubridor de Carl von Clausewitz en el siglo XX, incluso antes que otros afamados autores a nivel mundial de su época, que a nivel teórico tenían bastante más que relegado al prusiano en favor de otros pensadores del positivismo mecanicista. Es más, en el mundo anglosajón recien en las últimas 2 décadas se están estudiando los conceptos del prusiano, sobre todo porque sus generales, después de muchas derrotas en los conflictos de tipo asimétrico, se están dando cuenta que la guerra en definitiva una cuestión más política que de técnica militar, tal como lo señala von Clausewitz en Vom Kriegue. Sobre todo interesaba a Perón el concepto de “retaguardia” del prusiano, y más que en la cuestión mecanicista del poderío militar y armamentista, repara en lo que este denominaba la “voluntad de lucha”, cuestión moral que para von Clausewitz era la esencia de la fortaleza de un ejército.

      Por ello un joven Perón ya en 1933 va un poco más allá de la concepción elitista de von Clausewitz, y sostiene profundizando la idea de éste a la luz de la “nación en armas” que el esfuerzo militar de una Nación no podría sostenerse no solo si la producción nacional se veía afectada, sino sobre todo si las condiciones de vida de la población no eran las apropiadas para que el ciudadano se identifique naturalmente con los valores nacionales y por ello mismo quiera defender su modo de vida más allá de toda obligación. Entonces la voluntad de lucha de la retaguardia era lo que hacía posible sostener el esfuerzo bélico, y esa voluntad de lucha se debía a su vez sostener en el bienestar de la población, y para ello era menester que los trabajadores estuvieran representados no solo gremial sino también politicamente, y para que eso fuera posible había que cambiar un sistema político restringido a unos pocos sectores sociales que concentraban las decisiones, y era necesario entonces construir un partido de masas que expresara los lineamientos del desarrollo nacional. Un poco más tarde caería en la cuenta que no era posible sostener tal desarrollo sin liberarse de la dependencia de las potencias mundiales, y la construcción de un bloque regional que la mitigara, permitiendo destinar recursos al desarrollo económico y social una vez relajadas las tensiones bélicas entre nuestras naciones impuestas desde el exterior con la finalidad de dividirnos para poder reinar desde fuera.

      Aparte de ser el antecedente más remoto de lo que luego sería el Movimiento Nacional Justicialista, este razonamiento suponía por entonces una instancia no solo superadora de los autores en boga por entonces, todos inspirados en el positivismo mecanicista, sino también se diferencia de otras experiencias que parecieran sostener algo similar, sobre todo la del fascismo y nazismo, las cuales en definitiva tenían una vocación imperialista propia de las potencias centrales. La idea de Perón era desarrollar el país para desarrollar la paz, con una fuerza militar equilibrada para contener cualquier eventual invasión, mientras que al positivismo mecanicista militarista -incluidos en ello los fascistas y nazis- solo le interesaba incrementar el poderío industrial para incrementar la tasa de producción de sus arsenales, y lo algo similar hacían con sus poblaciones, destinadas solo a producir para las guerras de expansión de sus dominios o a pelear como soldados en ellas para rapiñar los recursos de otros pueblos.

      Buceando en la historia del pensamiento militar se pueden encontrar otros vestigios de estas ideas ya desde los antiguos chinos, pero nadie como Perón las pudo expresar y darles sentido tan claramente como Perón, y encima con la posibilidad de formar oficiales con ellas con sus clases desde la Escuela Superior de Guerra. Sin esta posibilidad no habría existido el GOU, y sin ese movimiento y su irrupción en la vida política nacional hoy Perón sería un ignoto oficial del EA como lo son y fueron otros miles. No en vano uno de los primeros actos después del golpe civico-militar de 1955 fué la intervención de la ESG y la proscripción de los programas de formación del peronismo y de autores de la talla de Enrique Guglielmelli, uno de los lujos que a nivel del estudio de los asuntos de estrategia tuvo nuestro país. Un poco más tarde vendría la intervención extranjera en los programas de estudio, sobre todo en la época de la Doctrina de Seguridad Nacional, pero eso lo dejamos para otro momento.

      Por tratar de hablar de estos temas en otro foro me tuve que ir, al igual que Marcelo, Matías o Diego en su momento, ya que allí se podía hablar de armas pero no “de política”. Por ello a ese tipo de sitios siempre los denominé como foros de armamento, apropiados para adolescentes que nunca han pisado un cuartel o adultos de pocas luces que se han quedado con las ganas de hacer el servicio militar, pero en donde no se discute de defensa, porque hacerlo es esencialmente hablar de política. Por ello celebro existan sitios como este en donde se puede hacerlo con total libertad, venga de donde venga la opinión, o esté destinada a cualquiera, siempre que sea argumentada y en términos respetuosos para el interlocutor.

      Saludos. Ernesto

  3. Coincido en todo con la nota, en nada con el comentario anterior.

    • Estimado Martín, sería bueno que aclare a cual comentario y porqué, ya que de su opinión podemos enriquecer nuestros conocimientos o iniciar un intercambio que le sirva a alguien para aprender algo más o reflexionar sobre estos temas. Lo invito gentilmente a que se anime a hacerlo y sume sus reflexiones.

      Saludos. Ernesto

  4. Estoy de acuerdo con la afirmación expresada en el título del artículo. La defensa nacional COMIENZA combatiendo la pobreza, la desigualdad, la ignorancia; brindando a la población educación y salud de calidad, acceso a la vivienda, etc.
    Respecto a la “cuestión indígena” soy de los que piensa que el fondo del asunto es la cuestión de la creciente pauperización de los sectores más desfavorecidos de la clase trabajadora. Mas allá de que por ejemplo, Jones Hualas & companía se vean a sí mismos como se ven; que se piensen a sí mismos de la manera en que lo hacen,más allá de sus pensamientos e identificaciones, lo que OBJETIVAMENTE son, es simplemente trabajadores pobres que viven en pésimas condiciones de vida. O sea, la SUBJETIVIDAD de un pueblo es UNA parte de la realidad pero sus condiciones de vida, lo que OBJETIVAMENTE son, es la otra, y a mi entender la más importante.
    Es cierto que si un Estado no comienza ocupándose de estos problemas sinó que por el contrario, trabaja para acentuarlos dia a día, por más que equipe sus FFAA con la última tecnología, estas simplemente cumplirán la triste función de Guardia Pretoriana, al servicio de minorías cada vez más concentradas y en contra de mayorías cada vez más asfixiadas.
    Sin duda, es central tener en claro esta idea cuando se analizan los procesos que se fueron dando en las últimas décadas en relación a la cuestión de la defensa nacional e incluso de la segurida interior, aunque en en definitiva, la pregunta de que es el Estado, a quién responde y en manos de quién está, incluye todas las areas de la realidad social y la respuesta no puede ser otra que una que englobe y dé solución a la totalidad de las mismas.
    Saludos.

    • Coincido mi estimado Fireteam en todo lo que dice, pero aunque comparto que las condiciones objetivas de pauperización de la clase trabajadora no distingue entre mapuches, charrúas, sicilianos o polacos, no desdeñaría así nomás las cuestiones subjetivas como lo es la identitaria dado que ninguno de esos sectores se reconoce como perteneciente a la clase trabajadora, y menos pauperizada, y cuando se pierde la conciencia de clase -cuestión para la cual el poder hegemónico ha bregado a nivel mundial en las últimas décadas- afloran otras pertenencias, en este caso las culturales o étnicas dado que nacionales también están en crisis con la puesta en cuestión del concepto de Estado-Nación también por parte de esos grandes grupos de poder global.

      Por ello hoy afloran en el mundo todo tipo de reivindicaciones de este tipo, las que creo que en el fondo son reacciones al poder hegemónico global que se expresan de esa manera porque los agrupamientos por clase social o la del Estado-Nación cooptado por ese poder no los contienen. Por ello el Estado de nuestra Nación debe dictar políticas inclusivas, que son la mejor garantía para que, usando a estos grupos u otros con legítimas reivindicaciones como mascarón de proa, ese mismo poder global no termine alentando el secesionismo, como lo estamos viendo en otras partes del mundo. El cinismo de esa gente es tal que hasta con este argumento hay que tener cuidado, porque es el que se utiliza para justificar la represión cuando sectores del campo popular tocan los intereses de sus miembros, como lo demuestra la represión al Pu Lof de Esquel y todas las pavadas que se dicen para ocultar a los responsables de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado.

      Saludos. Ernesto

  5. No desdeño para nada la cuestión de la subjetividad, sobre todo en un mundo donde los trabajadores -pobres y no pobres- votan como votan. O sea, los problemas de las identidades, no se limita a los grupos de ascendencia indígena sinó a la clase trabajadora a escala mundial . Lo que digo es que son un parte de la realidad, pero no toda la realidad y para empezar a aclarar y entender estos fenómenos es necesario partir de bases objetivas.
    En fin, nada original mi postura, tiene como 174 años 🙂
    Saludos.

    • Veo mi estimado que estuvo leyendo a mi tocayo Mandel. Y coincidimos, como lo hemos dicho antes, que las crisis identitarias se dan hoy a escala mundial y en todo el arco de la clase trabajadora.

      El tema entonces es qué hacer, como sigue la cuestión a futuro tomando esto como dato objetivo y sabiendo que el poder oligarquico global, que comparte visiones sobre el porvenir con las clases dominantes de la mayor parte de los países del globo, no solo está atacando al concepto de clase trabajadora sinó también al de Estado-Nación. A mi entender ahí reside la razón del avance de esta derecha neoliberal en su modelo planetario, y la falta de un modelo alternativo viable en esta actualidad es lo que permite tal expansión del ideario neoliberal, no solo el poder económico y su control de los medios de comunicación, entidades culturales y universidades tiene que ver con esto, el problema es que los sectores más progresistas se han quedado sin un modelo que contraponer frente a esto. La reacción típica de estos sectores es volver a las consignas de los siglos XIX y XX -uno mismo no escapa a esto- y volver a repetir la añoranza de las sociedades que creían en el progreso indefinido de la Humanidad, en donde los trabajadores tenian una conciencia e intereses comunes y, como conformaban la espina dorsal de la sociedad, ello daba el sustento para una nación con significancias unívocas. Y justamente todo esto es lo que está en crisis, o mejor dicho, lo que se ha desvanecido, o al menos desarmado enormemente, en la liquidez de esta época, o peor, han sido banderas capturadas y reemplazadas por las del neoliberalismo global.

      Hoy es solo el neoliberalismo quien promete un futuro brillante (a través de la tecnología fabricada por sus megacorporaciones y solo para quien pueda pagarlo, claro está); la identidad de clase como dijimos se hizo añicos en una maraña de reivindicaciones profesionales, sexistas, religiosas, ancestrales, tribales, etc.; la ciudadanía o pertenencia nacional se reemplaza por el concepto de consumidor (o la misma falacia del prosumidor) y a lo sumo resurge con y para el marketing futbolero en los mundiales; el Estado ya no representa en ningún lado los intereses de los retazos que quedan de los pueblos; el territorio es visto solo como soporte para la actividad económica globalizada; y el progreso indefinido de la Humanidad es algo que se ve como no inmanente a lo humano, incluso el mismo concepto de “humanidad”, de “ser humano” ya no es lo de antes, a tal punto que hoy se discute si los robots pueden ser objeto de derechos similares a los del Hombre. En este contexto intentar reivindicar las ideas que tenían vigencia antes es un contrasentido, loable desde la intención pero sin ninguna posibilidad de tener un efecto práctico en el plano político, social o económico.

      ¿Qué hacer entonces para no doblegarse ante el avance global neoliberal?. A esta pregunta no veo otra respuesta que la construcción social de un modelo alternativo, una idea que tampoco es nada nueva pero que debe realizarse con principios que den cuenta del momento actual y no que pretenda trasponer en el ahora moldes conceptuales ya pasados para contener a la realidad del presente. En este sentido creo que la única entidad capaz de contener el avance de ese virus antihumano es un Estado que represente a vastos sectores sociales de en un territorio dado, y ello implica hoy que tal Estado sea plurinacional en vez de uninacional, siempre entendiendo a “lo nacional” como el elemento identitario basado en aspectos culturales. Esta plurinacionalidad debe construirse desde abajo hacia arriba, al contrario de la construcción del estado de la Modernidad, heredero en este sentido de las monarquías ilustradas (y estas a su vez de las basadas en el poder divino), y su organo de poder de base debe estar basado en la Comunidad, a partir de la cual se irán construyendo las instancias superiores. La representatividad política debe estar basada no en una fórmula estadística basada en un modelo delegativo, sino en la misma representación directa de las voces y decisiones previas de comunidades definidas, o sea que ningún representante puede emitir su voto sin la anuencia previa de su comunidad.

      A partir de este solo hecho todo lo demás se debe dar por añadidura a partir de que las relaciones económicas y productivas se regulen bajo los principios comunitarios, y no bajo reglas impuestas desde arriba por los representantes del poder económico. Y aquí no importa si alguien se quiere reconocer como mapuche, transexual, gótico, santafesino, chacarero, tuerca, fashion o laburante, cada comunidad de intereses del campo popular tendrá voces que la representen en las instancias de decisión, para progresivamente ir “migrando” el sistema político y jurídico actual, construido en nuestro caso desde mediados del siglo XIX en base a modelos eurocentrados, hacia el modelo plurinacional que nuestros padres fundadores concibieron en 1810 inspirados en la Confederación Helvética, conscientes que la complejidad del mosaico de intereses de la América del Sud impedía toda sustentabilidad a modelos unitarios, los que en Europa eran viables por una menor complejidad de sus sociedades, y por la necesidad de mantener el dominio sobre sus colonias. Primero estas comunidades tendrán un rol más nada consultivo, pero en la “migración” pautinamente irán construyendo las bases para pasar a ser deliberativos y con poder de decisión en determinados asuntos que los afecten. Los municipios y provincias seguirán siendo las agregaciones intermedias, aunque ahora conformarán las confederaciones que, a su vez, sostendrán a la gran agregación, o Confederación Argentina, denominación oficialmente reconocida por el art. 35 de nuestra Carta Magna.

      “Solo el pueblo salvará al pueblo” era el lema de la mítica CGT de los Argentinos, y entiendo que este sistema es el mejor medio para lograrlo, devolviendole al pueblo la soberanía que le ha sido sustraida por el principio de representatividad indirecta establecido para consolidar el control de una clase dominante dependiente sobre el resto de la sociedad. Es nada más y nada menos que la verdadera democracia, en donde la ciudadanía en el libre debate de ideas decide sobre las cuestiones que afectan su actualidad y futuro. Y allí no hay lugar para “optar” por Coca o Pepsi, como lo propone el sistema político actual basado en el poder económico, allí los líderes políticos nacen desde abajo, no desde los medios y las agencias de marketing, y desde abajo se los sostiene cuando están arriba si es que no traicionan el mandato. Creo que no hay nada más objetivo que esto.

      Además, imaginemos cuantas cosas no hubieran pasado en nuestra historia si se hubiera aplicado este sistema, cuanta sangre se hubiera ahorrado, cuanto desarrollo postergado no hubiera sido posible solo por poder decidir realmente y en libertad sobre nuestra vida. Este es un ejercicio basado en la subjetividad, pero a partir de esa subjetividad se van construyendo las condiciones objetivas para que lo imaginado se convierta en realidad. Es lo que hace hoy el neoliberalismo con nuestras pesadillas más oscuras, así que hay que contraponerle nuestros sueños si es que no queremos que lo peor se convierta en realidad.

      Saludos. Ernesto

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