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MALVINAS: Una anécdota de la Operación Rosario

IMAGEN: MUSEO DE LA AVIACIÓN NAVAL ARGENTINA

Por el TN Pablo Gerardo Loubet  Jambert – aviador naval –

Revista MACH 1 Nº15 – Febrero 1987

 

Operación Rosario en marcha, me había incorporado como Copiloto de un helicóptero Lynx (WG-13); a bordo del Destructor A.R.A. “Santísima Trinidad” para participar en una operación que cambiaría la historia de nuestra Nación: la recuperación de las Islas Malvinas.

Demoré poco tiempo en tomar conciencia de la magnitud de la empresa, al observar quiénes se encontraban allí: el Señor Comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, su Estado Mayor y la Agrupación de

Comandos Anfibios, entre otros. Toda la Unidad era una verdadera máquina de guerra, que se preparaba febrilmente para el combate. Se alistaban las armas, se desplegaban cartas del objetivo y se ultimaban los detalles memorizándolos una y otra vez; nada se dejaba librado al azar. Todos y cada uno de los hombres allí reunidos, volcaban sus experiencias y conocimientos para un mismo fin, sin importar orientaciones, especialidades ni rivalidades absurdas y triviales. Dentro de esta vorágine guerrera, sobresalía un Cabo Principal de Infantería de Marina, de quien nadie sabía cuándo y dónde había embarcado. Circulaba por el buque llevando un cilindro porta-cartografía de tamaño mediano y solicitaba a cuanto superior veía, ser trasladado al B.D.T. A.R.A. “San Antonio”. Debía entregar en forma personal al Señor Comandante de Infantería de Marina, información que él guardaba dentro de ese cilindro, de suma importancia para la operación de desembarco.

Teniendo en cuenta el nivel de la información (y la insistencia del Cabo), se nos ordenó trasladarlo.— ” Si era tan necesario llevar al Cabo y su cilindro, entonces, gracias a nuestro vuelo, se podría cerrar algún detalle de la planificación anfibia”, pensaba en el trayecto de ida al B.D.T.”

El viento soplaba fuerte y el buque, atravesado a la onda del mar, se mecía en un amplio y generoso rolido. La cubierta estaba atestada de vehículos de todo tipo y a pesar del mal tiempo, se veían muchos infantes de marina (como siempre, asomados por cuanto reducto, tambucho, ojo de buey o agujero aceptara el pasaje de una cabeza humana).

El piloto maniobró para colgarse sobre el techo de uno de esos vehículos y, en poco tiempo, el Cabo y su carga llegaron a destino. A partir de este momento quedó sembrada la duda sobre la magnitud de la información alcanzada y cuál su contribución al desarrollo de la Operación.

Finalizado el conflicto y leyendo un artículo titulado “Operación Rosario” (Revista Desembarco Nº 114, Mayo/Junio 1982), encontré mi eslabón perdido, cuyo fragmento dice así:

“. . .EN ESOS MOMENTOS COMENZO A DESCENDER DESDE UN HELICOPTERO EL CPIM C. (BIVH) PORTANDO UN EXTRAÑO CILINDRO. DICHO CABO HABIA PERDIDO EL BUQUE (SAN ANTONIO) Y LUEGO DE EMBARCAR COMO POLIZON EN EL A.R.A. “SANTISIMA TRINIDAD”, LOGRO SER TRANSFERIDO AL B.D.T. ARGUMENTANDO QUE EL ALUDIDO CILINDRO DEBIA LLEGAR AL COMANDANTE DE INFANTERIA DE MARINA POR SU INTERMEDIO, DADO QUE SU CONTENIDO ERA MUY IMPORTANTE PARA LA PLANIFICACION (JAMAS SE LLEGO A CONOCER EL CONTENIDO DEL MISTERIOSO CILINDRO)”.

 

MALVINAS: Una anécdota de la Operación Rosario

Por el TN Pablo Gerardo Loubet  Jambert – aviador naval –

Revista MACH 1 Nº15 – Febrero 1987

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