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“No hay una política de Estado seria para recuperar las Malvinas”

Luis “Tucu” Cervera relata a NU sus principales operativos y lamenta que no haya habido ningún acto oficial para conmemorar el 35º aniversario del desembarco argentino en las islas.

Por Enrique Colombano

El 2 de abril de 1982, la Argentina recuperó su soberanía sobre las islas Malvinas y la mantuvo por 74 días. Treinta y cinco años después de la guerra, Luis “Tucu” Cervera, quien se desempeñó heroicamente como piloto del II Escuadrón de Combate de la V Brigada Aérea de Caza, repasa ante Noticias Urbanas las acciones de las que tomó parte al comando de su Skyhawk-Douglas-A4-B. Y afirma que las Malvinas solo podrán recuperarse si hay una verdadera política de Estado al respecto, algo que no ve hasta ahora.

 

–Pasaron 35 años desde aquel 2 de abril, ¿qué es lo primero que le viene a la mente?

–El 2 de abril es una fecha emblemática para la historia argentina. Para mí es un hito importante haber recuperado en un momento las islas. Lamentablemente, no se pudo sostener la soberanía en ellas. En ese proceso uno recuerda, preponderantemente, a los camaradas caídos en combate. A aquellos que dieron su vida por la Patria. Eso es lo más valioso que uno puede rescatar: el valor y heroísmo que ha tenido esa gente, que lo dio absolutamente todo, hasta su vida.

 

–¿Hasta dónde llega hoy el reconocimiento a los excombatientes?

–Malvinas es un proceso que aún se está viviendo. No sé si todo el hecho entró en los libros de historia. Todavía se están contando cosas que pocos saben. A medida que transcurre el tiempo hay gente que se va animando a hablar y a relatar cuestiones de las que nos asombramos. Pero en ese proceso hay una deficiencia de atención, de contención y de acompañamiento a nivel nacional. El último domingo se cumplieron 35 años del 2 de abril y no hubo ningún acto oficial para recordar que se recuperaron las islas. Ni a nivel nacional, ni en la Ciudad de Buenos Aires, ni en la Provincia, ni en ningún lugar del país. Eso te da la pauta de que todavía es algo que no está asumido. El 2 de abril no está en el lugar que debería estar. Dentro de los 74 días que duró el conflicto bélico, hubo fechas muy importantes para recordar, como el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea, el 1 de mayo. O el día del hundimiento del General Belgrano, en la que perdieron la vida numerosos camaradas. Fechas que dentro de la guerra fueron claves y no están incorporadas en la historia. El veterano no lo va a pedir ni lo va a reclamar. Porque esa entrega uno la hizo por la vocación de valorar y cumplir con el juramento de defender a la Patria hasta perder la vida. Y de hacerlo sin reclamar nada. Tal vez todo eso lo reclame, algún día, la historia. Tal vez tengan que pasar 35 años más, vaya uno a saber. En otras partes del mundo ha sucedido así. Mucho tiempo después se rescata la historia, cuando de los participantes que la realizaron ya no queda ninguno vivo. Y entonces se escribe la historia de cualquier manera, y le dan tendencias políticas, la inclinan para un lado o para el otro, alejándose de la verdad. Hoy, si uno quisiera escribir una verdadera historia, puede consultar a los participantes. Se podría escribir algo verdadero, para que la Argentina conozca lo que realmente pasó en Malvinas. Eso no se está haciendo.

 

–¿Usted cree que parte de esta falta de reconocimiento hacia los excombatientes se deba a que se mezcla su desempeño en las islas con lo que fue la dictadura militar en general?

–Totalmente. Uno de los grandes problemas es ese. Cuando en el año 83 asume Alfonsín, mete todo en la misma bolsa, bajo la alfombra, y listo, no se habló más por muchos años. Además, había sido una derrota. Los soldados, en lugar de ser contenidos, fueron olvidados y muchos terminaron suicidándose. Yo era un profesional. Yo sabía para lo que me estaba entrenando. Y sabía que me podía morir, pero iba a la guerra lo mismo. Pero el soldado no, el soldado estaba cumpliendo una ley que establecía que a los 18 años había que estar un año bajo bandera. Entonces ese soldado tendría que haber estado, posteriormente, contenido en una cuna de algodones. Ser recuperado y asistido psicológicamente.

 

Luis Cervera enviada por él 1–Una de las principales críticas es que los conscriptos no estaban preparados para semejante combate.

–Que no estuvieran preparados es otra cosa. Ahí entra en cuestionamiento la decisión de por qué se entró en guerra, por qué te hiciste el macho, por qué te fuiste a pelear justo con una potencia como Inglaterra.

 

–O por qué luego del ataque inicial no se buscó plantar las dos banderas y negociar una salida al conflicto…

–No se hizo nada. (Imita la voz de Galtieri) “Si quieren venir, que vengan, les presentaremos batalla.” ¡”Presentaremos” las pelotas! La presentamos nosotros. Por eso, a la guerra de Malvinas hay que ponerla en el lugar en el que debería estar. Sacarla de esa bolsa que te mencionaba antes. A Galtieri, a la Junta militar, quitalos, ponelos a un costado. Analicemos cómo fue la guerra una vez que la decisión de entrar estuvo tomada y veamos las acciones y los valores de los argentinos que lucharon por su Patria. Ahí es donde rescatás la parte que, como historia, le sirve al futuro de la Argentina.

 

–¿Qué grado de preparación tenían ustedes, los pilotos de la Fuerza Aérea, para este tipo de conflicto armado?

–Los pilotos de la Fuerza Aérea estábamos muy preparados para atacar objetivos terrestres, porque ese es el rol de nuestra arma. Ejército, Marina y Fuerza Aérea tienen un rol específico y diferente de acción en un conflicto bélico. Pero a nosotros nos lo cambiaron. Nosotros hicimos otra cosa. La Fuerza Aérea nunca tuvo como hipótesis de conflicto una guerra aeronaval. Cuando sobreviene la guerra de Malvinas nos encontramos con la sorpresa de que tenemos que atacar la flota, porque era la única defensa que podíamos hacer de las islas. Y eso lo tuvimos que aprender durante la guerra. Y lo hicimos sin tener los aviones ni el armamento aptos para ese tipo de ataque. Todo fue una sucesión de improvisaciones que se fueron resolviendo sobre la marcha.

 

Luis Cervera apertura

–¿Y por qué supone que no hubo una planificación mejor para una acción de ese calibre?

–Eso yo no lo puedo saber porque en 1982 tenía 28 años. Yo era un teniente, un oficial absolutamente operativo. Un piloto de combate. No estaba en nosotros una decisión de ese nivel. Nosotros cumplíamos las decisiones de la superioridad. Ahora, ¿por qué se inicia una guerra sin haberse realizado la necesaria coordinación y preparación previas? Eso no te lo puedo contestar. Eso lo sabrá el Estado Mayor que tomó la decisión. Nosotros tuvimos que adoptar formas de ataque que no están en ningún libro, en ningún manual. Eso es lo que asombró al mundo entero: cómo hicimos lo que hicimos. Hasta el día de hoy, si uno lee lo que se escribe en el mundo, siguen sorprendidos, a pesar de que pasaron 35 años, por cómo combatimos desde el aire. Los primeros sorprendidos fueron los ingleses, que lo sintieron en carne propia. Eran la tercera flota del mundo, tenían buques destructores y aviones de última generación, como el Harrier, que acababa de salir de fábrica. Ellos estaban convencidos de su poder, de su tecnología, y sabían de las deficiencias nuestras. Y a pesar de todo les hundimos ocho buques. Y eso Inglaterra, al día de hoy, no lo puede digerir. Y además de haberles hundido esos buques les averiamos doce más, que no sirvieron para nada. No se hundieron pero quedaron destrozados. Para ellos fue una sorpresa. Imaginate que a una flota de ese nivel le hundas ocho buques de primera línea, como el Sheffield o el Coventry. No lo podían creer. Y está en duda el Invincible, que no lo quieren reconocer.

 

–Pero sí fue averiado.

–Sí, seguro.

 

–¿Usted participó del ataque al Invincible?

–No, yo estuve en otras misiones. Yo estaba en el Grupo 5 de Caza, volando en otras misiones. Volando los Skyhawks, los Douglas-A4-B. Los que atacaron al Invincible fueron los A4-C y los Super Étendard. Esa fue una misión conjunta de la Fuerza Aérea y la Marina. El Super Étendard de la Marina tiró Exocet y los A4-C, de la Fuerza Aérea, llegaron al buque a tirar bombas. En esa aproximación fueron derribados dos A4-C. Ahí queda claro cómo impacta en el combate la diferencia de avión y de armamento. El Super Étendard de la Marina era un avión nuevo que hacía un año que había llegado al país. Los misiles también eran nuevos. Ese avión lanzaba el misil 40 kilómetros antes de llegar al barco. Por eso no hubo ningún Super Étendard derribado. Ni los veían desde la flota. En cambio, nosotros teníamos que llegar, prácticamente, a tocar al barco. Y ahí está la diferencia: lamentamos dos derribos en un mismo ataque combinado. Esa es la problemática que sufrimos nosotros al no tener el avión apto para hacer ese tipo de ataque.

 

Luis Cervera 3–¿Cómo fueron sus principales misiones?

–El 24 de mayo hicimos el ataque al buque de desembarco Sir Lancelot, en la Bahía de San Carlos. No explotó la bomba pero quedó incrustada en el barco y tuvieron que evacuarlo. El otro ataque fue en el monte Dos Hermanas. Fue un ataque al puesto de comando inglés el 13 de junio, un día antes de la rendición argentina. Se estaban aproximando a Puerto Argentino al mando de Jeremy Moore. Ese sí fue un objetivo terrestre, que era para lo que estábamos preparados. Se tiraron 21 bombas de 250 kilos.

 

–¿Qué camino debería tomar nuestro país para recuperar las Malvinas?

–Con otra guerra no va a ser posible. La Argentina, lamentablemente, cada año que pasa está cada vez más indefensa en el tema de armamento. Por ese lado, entonces, es imposible. Lo que queda es hacer un trabajo diplomático, a nivel Cancillería. Hay mil cosas para hacer, si algún gobierno lo toma como un objetivo a largo plazo.

 

–¿Y usted cree que la Argentina algún día podrá alcanzar ese logro?

–Como vamos ahora, no. Con este desinterés del que te hablaba, manifestado el domingo pasado, en el que no hubo ningún acto conmemorativo del 2 de abril. Yo creo que las Malvinas las vamos a recuperar solamente si el Estado argentino toma la cuestión como una causa nacional.

 

–Debería ser una política de Estado que trascienda a los gobiernos.

–Sí, una política de Estado. Acciones que no deben durar solo un año. Hay que trazar un plan para que de acá a diez, quince, veinte años se consiga el objetivo de que las Malvinas pasen a manos argentinas. Los ingleses no las van a entregar alegremente. Les convienen geopolíticamente para poder esgrimir derechos sobre la Antártida; también por el tema petróleo, por la pesca, por la minería. Es un territorio que Inglaterra defiende a capa y espada. Pero la Argentina tampoco está haciendo nada para obtenerlo. Dicho en criollo: hay que taladrarles los sesos de a poquito, con una política bien llevada a cabo. Así como estamos, hablando una vez por año en las Naciones Unidas, no las vamos a conseguir. No hay una política de Estado seria para recuperarlas. Se acuerdan un día, hablan, dicen frases muy lindas y se terminó hasta el año que viene.

 

–¿Con todos los gobiernos fue igual?

–Todos han hecho muy poco. Porque hablamos de recordar a los 649 hombres que dieron su vida por la Patria, pero ¿qué hacemos por ellos? Todavía están en Malvinas, esperándonos.

http://www.noticiasurbanas.com.ar/?noticia=no-hay-una-politica-de-estado-seria-para-recuperar-las-malvinas

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2 Comentarios en “No hay una política de Estado seria para recuperar las Malvinas”

  1. Un grande, me saco el sombrero ante el. Y recomiendo seguir y compartir esta nota, no vaya a ser que a algún fervoroso de la disciplina militar se le ocurra imponerle una sanción por expresar lo que muchos pensamos.

    Saludos

  2. Interesante nota, y contado en primera persona de uno de los protagonistas, lo cual la hace aún más interesante.

    Solo dos cosas para agregar, una de ellas que hubo tanto entre veteranos (militares de carrera) como ex combatientes (conscriptos) indistintamente casos de heroísmo, pero también de los otros, de la mezquindad más absoluta, cobardía abyecta y otras yerbas muy amargas. Como bien dice Cervera no se puede poner a todos en la misma bolsa, no todos quienes estuvieron allí estuvieron a la altura de lo que la Patria esperaba de ellos, hay que distinguir paja de trigo en esta cuestión. Por ello hablar de “Gesta” o de “Héroes” no debería ser tan alegre y gratuito como lo hacen algunos, porque algunas de estas acciones finalmente supusieron la muerte evitable de muchos compatriotas y un retroceso enorme, que hay que ver si no es irreversible, en nuestro reclamo soberano.

    Como sucede mundial e históricamente en estos casos, si hubiera existido una victoria esos errores, mezquindades y actos despreciables tal vez hubieran quedados subsumidos dentro de los fervores de la misma, pero habiendo una dolorosa derrota de por medio es irracional y suicida no hacer un balance desapasionado y lo más objetivo posible para aprender de la experiencia, eso que antes se denominaba “lecciones aprendidas” y que era parte esencial en la formación de cualquier oficial militar. Convendría a este ejercicio leer los documentos del Informe Rattembach, del enjuiciamiento de estas acciones realizadas por la misma justicia militar, para comenzar a saber a quienes vitorear y quienes merecen solo la deshonra de no haber estado a la altura de las circunstancias les imponían, no solo como ciudadanos, sino también como profesionales de la guerra.

    Otra cuestión que hay que aclarar es que Argentina en 2012, tras arduas negociaciones diplomáticas, logró en el Grupo de los 77 países más China que 130 paises apoyaran su petición de diálogo de soberanía, lo cual es una cifra más que considerable respecto a los 193 países que en ese momento eran miembros de las Naciones Unidas. Este respaldo además fué acompañado por 32 de los 34 países participantes en la Cumbre de las Américas de ese año, y muchos de ellos se plegaron al boicot a buques y comercio con empresas de las islas, lo cual hizo que los kelpers y el RU pusieran el grito en el cielo, y además como respuesta a esa presión internacional hayan cometido la torpeza de convocar a un referendum por el cual casi el 98% de ellos se reconoció como subdito de la Corona inglesa, lo cual fortalece la posición argentina de no tenerlos como interlocutores en una eventual negociación, ni validarlos para hablar de sus “deseos” sino de sus “intereses” como manda la Resolución 2065 (XX) para una población implantada por el país colonial, como lo es en este caso.

    Para lograr ese nutrido apoyo no se utilizó magia, sino un largo y duro periplo diplomático que se siguió durante varios gobiernos diferentes. Ese arduo trabajo ha sido tirado a la basura por el actual gobierno, quien alegremente y sin más pone sobre el tapete la discusión de temas que ya estaban saldados favorablemente para nuestro país y que solo sirven a la posición británico-kelper, y esa distensión de nuestra parte (por no decir entrega que sería el término correcto) ha habilitado a países como Uruguay o Brasil para romper el cerco que formaban junto a nosotros y aprovechar para mejorar sus propias relaciones con el RU, sobre todo luego que el Brexit obligara a ese reino a lograr nuevos acuerdos con sus antiguos socios.

    Con esto quiero decir que implícitamente hubo una política de Estado con respecto a Malvinas, y que la misma estuvo centrada en el reclamo del cumplimiento de lo pautado en la Resolución 2065 (XX) y todas las que le han seguido en esta línea. La excepción a esta regla de oro fueron los claudicantes Acuerdos de Madrid del menemismo, que al menos se justificaban en levantar los embargos internacionales que pesaban sobre nuestro país, pero retomar esta política errónea hoy día, con Argentina integrada al mundo como lo demuestra el mismo hecho de que más de 130 de los 193 países del mundo estaban apoyando nuestra posición carece del más mínimo fundamento, excusa o acción racional, y demuestra a las claras una mentalidad colonialista y entreguista en pos de intereses de muy corto plazo, y más anclado en cuestiones revanchistas de orden interno que en una necesidad diplomática internacional. Si en 1982 retrocedimos muchísimos casilleros en el Juego de la Oca diplomático, a pesar de que estabamos cerca de la meta, con acciones como esta también retrocedemos muchos más, porque se ponen en juego alegremente y a cambio de NADA los mismos principios que sustentan el reclamo de nuestro país en este conflicto.

    Saludos. Ernesto

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