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El Fidel que conocí

Por Ignacio Ramonet* La Habana (PL) Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos -Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka- que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950 a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

 

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización.

Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América Latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Krushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumediene, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamín, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100 mil km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba, cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes.

Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio ‘Martí’ y TV ‘Martí’, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas -Alpha 66 y Omega 7- hostiles al régimen cubano-, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: ‘En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.’ Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los líderes vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América Latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento, a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro -les guste, o n, a sus detractores- tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro ‘Fidel Castro. Biografía a dos voces’ (o ‘Cien horas con Fidel’), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador).

En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas ‘reuniones importantes’…Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes – todos jóvenes y brillantes de unos 30 años – estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor -el que constituían sus asistentes y ayudantes- librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto, ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. ‘La intendencia seguirá’, decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos, sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes.

El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro, alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

* Director de ‘Le Monde diplomatique en español’, autor de Fidel Castro: biografía a dos voces.

Tomado de Alai, Amlatina 26/11/2016

hm/ag

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10 Comentarios en El Fidel que conocí

  1. Enrique Cimiento // 29 noviembre, 2016 en 3:52 pm // Responder

    ESTO YA ES EL COLMO!!! ESTE SITIO BLOG O LO QUE SEA ES UNA PAYASADA!!!

    CONFUNDIR LOS INTERESE ESTRATEGICOS ARGENTINOS CON LAS LOAS A FIDEL CASTRO ES EL COLMO!!!!

    TOMEN NOTA LES DIGO A LOS IGNORANTES DE “INTERESES ESTRATEGICOS ARGENTINOS”:

    FIDEL CASTRO, EL CHE GUEVARA Y ETC ETC FUERON VULGARES ASESINOS COMUNISTAS AL SERVICIO 1ro Q NADA A SUS PROPIAS FORTUNAS Y 2do AL SERVICIO DEL OTRO IMPERIALISMO DE LA EPOCA Q ERA EL DE LA UNION SOVIETICA!!!

    ME HARTARON!!!

    JAMAS VOLVERE A RECOMENDAR INTERESES ESTRATEGICOS ARGENTINOS!!!

    ES UNA VERGUENZA!!!!

    • Estimado Enrique Cimiento, por favor pongase de acuerdo Ud. mismo, porque cada vez que comenta algo es para insultar al sitio y a los que conformamos el mismo y nunca se le cae una idea en esas intervenciones, pero aún así sigue leyendonos, y hasta parece que también nos recomendaba….
      Ante semejante muestra de esquizofrenia le sugiero consultar a un profesional de salud mental, si quiere le podemos recomendandar alguno.

      Saludos. Ernesto

      PD: Veo que repite el latiguillo de la dictadura de que Castro y Guevara eran simples asesinos del comunismo y demás bla, bla, bla. Dejeme decirle que por suerte no fueron parte de los humanitarios campeones de la democracia apoyados por los EEUU y sus aliados, como Pinochet, Videla, Galtieri, Suharto, Noriega, Somoza, Batista, Duvalier, Porfidio Díaz, Saddam Hussein, Osama Bin Laden, Idi Amin, Ilham Aliyev, Ismail Omar Guelleh, Paul Biya, Yoweri Museveni, Paul Kagame, Mswati III, Abdullah II, la dinastía Saud, los emires de EAU, el emir Hamad al Zani (y su depuesto padre Jalifa bin Hamad al Zani), Hamad bin Isa Al Jalifa, el sultán Qabus al Said, Bhumibol Adulyadej, Ashraf Ghani Ahmadzai, Trujillo, Banzer Suarez, Castelo Branco, la Junta Revolucionaria de Gobierno de El Salvador, Stroessner, Ngo Dinh Diem, Pervez Musharraf , Reza Pahlevi, Ferdinand Marcos, Ali Abdullah Saleh, Emomali Rahmon, Gurbangulí Berdimujamédov, Hassan II, Pieter Botha, Meles Zenawi, Francisco Franco, Teodoro Obiang, Mobutu Sese Seko, Hissène Habré, Hosni Mubarak, Idriss Déby, Yoweri Museveni, Zine El Abidine Ben Ali, la Junta Militar de Grecia, António de Oliveira Salazar, Junta Militar turca, y tantos otros “prohombres” y gobiernos criminales apoyados por Occidente en defensa de nuestro estilo de vida, que hacen que Guevara y los Castro aparezcan como monaguillos ante la cantidad, variedad y crueldad de los crímenes y genocidios efectuados antes y ahora por toda esta gente.
      O sea, lo esperable de la baja catadura moral de un país en el cual uno de sus más insignes presidentes como Franklin D. Roosevelt se da el gusto de decir “Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” cuando uno de sus colaboradores le cuestionaba los salvajes asesinatos de opositores perpetrados por ese dictador avalado por los EEUU en nombre de la defensa de la democracia y el estilo de vida ocidental y cristiano.

  2. Marcelo, no tengo ningún problema con Cuba pero sabía que este tema iba a traer polémica. Siendo un blog más ligado a temas de defensa me hubiera resultado más “natural” hablar por ejemplo, del dispositivo de defensa de la isla, la cual con muy pocos recursos al menos desde 1991 a la fecha, se las arreglo para disuadir a la primera potencia de cualquier aventura militar. Y eso sin que las condiciones sociales se deterioraran a extremos conocidos en otros países, como por ejemplo, en Corea del Norte.
    Saludos, Fireteam.

    • Hola FIRETEAM!

      La verdad no tengo idea de cual es tu edad, pero mis 50 pirulos me acreditan algo de historia vivida, como lo fue buena parte de la guerra fría. Pensar que la muerte de Fidel Castro está desligada del tema que nos agrupa, es verdaderamente como querer ver el cielo tapándose los ojos.

      En primer lugar te diría que si quién muriera fuera el Dwight Eisenhower también reproduciría algún excelente artículo como el que subí de Ignacio Ramonet sobre Fidel Castro. Por dos cuestiones tales como su gravitación y peso político estratégico y por una simple cuestión de respeto.

      Te digo más aún, comentarios como el del señor que poco más y saca una pistola en aras de obligar a que no lean este sitio ( y que sabemos quién es, ya que solo un tonto como él cree que no lo reconocen) me indica que no solo vamos por buen camino a la hora de llevar el sitio sino que a la vez esta es la senda indicada; la del respeto y sano debate.

      En una ocasión, charlando con profesionales estadounidenses, noté el respeto que generaba un revolucionario como lo era Fidel Castro entonces me animé a sacarme las dos toneladas de prejuicios y armaduras que por años las propagandas, promovidas por intereses que te aseguro no son ni los tuyos ni los míos, “soldaron” a mi piel y me dediqué humildemente a investigar, leer, pensar y analizar contextualmente. Te puedo asegurar que llegué a forjar un genuino y noble respeto por Fidel Castro y su proceso revolucionario, que va más allá del fusil y la sangre.

      Agrego; imaginate que teniendo 16 años, con miedo e incertidumbre, haciendo cola para anotarme como voluntario para ir a Malvinas, terminas valorando mucho a quienes te ofrecen apoyo desinteresado e incondicional contra la tercer potencia del mundo apoyada a su vez por la primera.

      Por lo pronto, no tengas ni tengan miedo de debatir, compartir y contraponer ideas, porque son estas las que prevalecen y las que convencen sin tirar un solo tiro, ya que más temprano que tarde le abre los ojos y la mente al honesto y valiente pensador que todos tenemos dentro.

      Saludos
      Marcelo

  3. No hay duda que, como bien dice Marcelo, la figura de Fidel Castro es insoslayable para quienes nos interesan las cuestiones de estrategia, las cuales esencialmente versan sobre las grandes decisiones políticas que afectan el rumbo de las sociedades. De todos los hombres que han sido protagonistas de estas decisiones, controvertidos todos ellos porque lo que han dictaminado es natural que beneficie a muchos miles y perjudique a otros tantos, es indudable que la figura de Fidel Castro no pasa desapercibida para el mundo, menos para los Países No Alineados, y mucho menos para Latinoamérica, pues han marcado una época en estos lugares.

    Viene bien una reflexión sobre quien fuera el último de los “Comandantes” que han inspirado a millones de personas a pensar en un mundo más justo, y a pelear por eso, aunque ahora tal cosa hoy no resulte “políticamente correcta”, mucho menos para los pocos que tienen mucho que perder si los pueblos triunfaran en esa lucha. Con él se va una época, pero queda un ejemplo de dignidad, un bien que hoy escasea, y de allí el respeto que le tienen hasta sus enemigos más acérrimos, de los pensantes obviamente, pues de los otros no hay que dar bolilla al veneno que destilan, porque hasta en eso los burló, en no darles el gusto de morir de otra forma que no sea libre y de viejo más allá de unos 600 intentos de asesinato, y habiendo humillado militarmente al Imperio en su propia tierra en Playa Girón y en todo otro escenario en el cual lo enfrentó demostrando la preparación e ideales de las FFAA y pueblo cubano en esa tarea. Por eso no se volvieron a animar con Cuba, aunque ganas nunca les faltaron.

    Sus palabras despidiendo al Che Guevara son a su vez aplicables a si mismo, y tal vez ayuden a entender esto:

    “Nosotros tenemos idea de la dimensión de la pérdida para el movimiento revolucionario. Sin embargo, ahí es donde está el lado débil del enemigo: creer que con el hombre físico ha liquidado su pensamiento, creer que con el hombre físico ha liquidado sus ideas, creer que con el hombre físico ha liquidado sus virtudes, creer que con el hombre físico ha liquidado su ejemplo”.

    La historia lo juzgará como estadista y líder, el Señor como ser humano, pero a sus héroes o traidores los juzgan los mismos pueblos, y por algo en Cuba lo despiden millones de personas en su último adiós, acompañados solo por un pequeño puñado de gobernantes, creo que mejor imagen que esa no puede darse en este caso para que se valore lo que significan Castro y otros revolucionarios dentro de su país, y como contrasta lo que se ve y dice desde afuera de esos procesos.

    Saludos. Ernesto

  4. Aporto algo que creo interesante sobre lo mucho de interés que hay sobre la figura de Fidel Castro y la política continental, y es una carta que le enviara Juan Domingo Perón en 1974 con un doble propósito:
    1) Intentar el armado de un nuevo modelo continental que se opusiera a la influencia de los EEUU en esta parte del mundo.
    2) Tratar de que Fidel Castro no apoye a los grupos de la guerrilla argentina, lo cual logró pues la mayoria de los mismos se desprendían de las Formaciones Especiales que Peron mismo había fomentado durante la época de la Resistencia Peronista, mientras que el ERP, por ser de orientación trotskista, no comulgaba con la línea ideológica del castrismo y poca o ninguna relacion tuvo con el mismo. Por tal motivo la guerrilla en Argentina debía recurrir a la comisión de todo tipo de delitos para lograr financiarse, como robos y secuestros, pues a nivel internacional solo lograron un tibio apoyo de algunos movimientos de liberación de los países árabes.

    Tras esta carta y el encuentro entre Gelbard y los cubanos, Argentina rompía el bloqueo a Cuba impuesto por los EEUU siendo el primer americano en hacerlo, resultando entre otros productos, en las promocionadas exportaciones de las filiales locales de las firmas Ford, FIAT y Citroen a la isla, lo cual no deja de ser paradójico porque los gobiernos de sus paises de asiento de sus casas matrices apoyaban firmemente el bloqueo.

    Después de este breve introito para situar el contexto, la carta es esta:

    24 de febrero de 1974

    Excelentísimo señor Primer Ministro, República de Cuba, Comandante Fidel Castro

    Estimado amigo:

    Justamente hoy se cumplen 28 años del día en que asumí la primera magistratura del país, dando un paso en la evolución con un movimiento revolucionario basado en la Justicia Social. Movimiento que perdura en el tiempo y en el espacio, puesto que nuevamente, pese a mis años, estamos firmes resolviendo el futuro de nuestra Patria, buscando salvarla del desastre en que un desgobierno de dieciocho años la ha sumido.

    Al frente de esta misión de amistad, les envió al amigo señor Gelbard, nuestro ministro de Economía, que tiene el encargo de darle un fuerte abrazo de mi parte, junto con mis saludos, y también testimonio del profundo agrado que sentimos por la apertura práctica entre nuestros pueblos. En todas las clases de relaciones humanas, la verdadera fraternidad se demuestra no con palabras sino con hechos fehacientes. Nosotros los justicialistas tenemos un aforismo que dice: “Mejor que decir es hacer; y mejor que prometer, es realizar”.

    ¡Cuba y Argentina lo están demostrando en la práctica!

    Las revoluciones no pueden ser idénticas en todos los países porque tampoco todos los países son iguales, ni todos los pueblos tienen la misma idiosincrasia. Es preciso que cada uno actúe dentro de su soberanía con sus propios métodos.

    Pero es indudable que la necesidad de una unidad latinoamericana será la única posibilidad de libertad real para nuestro continente. A esta meta debemos concurrir todos de inmediato, para poder elevar nuestra voz con seguridad y respaldo en el seno de ese Tercer Mundo que garantizará nuestro desarrollo futuro y la libertad en lo económico, político y social.

    Tanto usted amigo Fidel, como yo, llevamos muchos años de permanente lucha revolucionaria. Ello otorga una experiencia invalorable que es preciso transmitir a la juventud, para evitarle atrasos que se pagan siempre con dolor y sangre, inútilmente. La pujanza viril de la vida joven, para rendir verdaderos frutos a la Patria, debe ir acompañada de la cuota de sabiduría que otorga la experiencia.

    La responsabilidad que pesa sobre nuestros hombres no es ya la de realizar la revolución que cada uno de nuestros ideales concibe como lo mejor para su pueblo, sino enseñar a nuestros descendientes a consolidarla. Para ello, tenemos dos caminos: tiempo o sangre.

    Tiempo sobra. La historia nos enseña cómo los excesos vuelven finalmente a su cauce habitual.

    Sangre, falta. Puesto que somos un continente descapitalizado, que precisa su puesta en marcha por medio de la unidad fraternal, donde los intereses individuales sean considerados y respetados, cuando los mismos no afecten a la comunidad latinoamericana; y en ese desarrollo necesitaremos aumentar al máximo los habitantes en el continente.

    ¡En fin! Todo esto quiere decir que la tarea no se termina mientras uno viva. Pero bien vale la pena vivir y morir por un ideal que trasciende a los pueblos.

    El señor Gelbard le contará cómo marchan nuestras cosas y confío en que todo marchará bien. Reciba un cordial saludo y mi afecto sincero.

    ¡Un gran abrazo!

    Fdo: Juan D Peron

  5. No hay caso muchachos, el “foco” que quieren encender no prende! 🙂

    • No sé a que “foco” se refiere estimado Fireteam, ni quien pretende encender algo, creo que es claro que Fidel Castro se trata de uno de esos personajes complejos en contextos históricos también complejos y por ello su figura genera tantas contradicciones y polémicas entre quienes nos interesamos por estudiar y tratar de entender este tipo de temas y a sus protagonistas.

      Su figura es un símbolo de una epoca, y así lo entiende cualquiera, lo cual no implica hacer la exégesis del personaje, pero si demostrar lo que ha representado y representa aún hoy para muchas personas.

      Luego cada uno sabra si le interesa emitir o no su opinión; si tiene o no argumentos para fundarla; o si prefiere hablar de temas menos urticantes y polémicos, pero no hablar de Fidel Castro en su muerte por lo que su figura e ideología significó para la historia y significa en el presente es equivalente a obviar la muerte de Henry Kissinger, Margaret Thatcher o John Kennedy, hay personajes que no pueden obviarse por lo que significan o significaron en la estrategia mundial, regional y/o nacional.

      En mi caso particular, de denostarlo a Fidel y su Revolución -como era el mandato familiar y de la fuerza a la que pertenecí- a medida que lo he estudiado y puesto su accionar en contexto fuera de la propaganda paulatinamente pasé a respetarlo, y mucho más aún al evaluarlo con la intencionalidad y prácticas de quienes lo defenestraban y combatían. Por eso no es casual que millones de cubanos, más de la tercera parte de su población, participara de la despedida de sus restos, 2 millones en La Habana más otro tanto a lo largo del recorrido de sus cenizas, no creo que muchos de los denominados “dictadores” puedan dar cuenta de esa muestra de respeto popular, y 4 millones de personas no se pueden movilizar obligadas ni con una pistola en la cabeza, sería necio desconocer eso.

      Y respecto al “foquismo”, si la Revolución Cubana se hubiera realizado con un enfoque foquista seguramente hubiera fracasado, ya que finalmente hubieran terminado siendo sitiados y aniquilados en la Sierra Maestra. Desde el mismo desembarco del Gramma la idea de los insurrectos era establecer una base inicial para desde allí progresar hacia La Habana, sede del gobierno de Batista, levantando a la población a medida que progresaba esa marcha. Los grupos guerrilleros que después de 1959 adoptaron modalidades foquistas fueron casi inexorablemente derrotados ya que confundieron este concepto estratégico, dirigido a crear varios “focos” de lucha nacionales a nivel global para superar la capacidad de respuesta e iniciativa de las fuerzas represivas (eso de “crear uno, dos, tres Viet Nam” del Che Guevara), con una metodología táctica consistente en establecer el control de una porción territorial, lo cual implica pasar de una guerra de maniobra a otra de posiciones, en donde la ventaja estratégica invariablemente estará del lado de quien posea el mayor poderío militar y la iniciativa, o sea, de las fuerzas gubernamentales y no de los guerrilleros. Este principio puede verse a lo largo de toda la historia militar, y hoy mismo en el cambio de la situación del ISIS al cambiar de estrategia y tratar de establecer el control en determinadas ciudades y corredores.

      Saludos. Ernesto

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