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Centenario de la Aviación Naval argentina

Posted by Mavec

El pasado 4 de mayo de 2016 tuvo lugar en la Base Aeronaval Punta Indio, Buenos Aires, la ceremonia central por el día de la Aviación Naval y el Centenario de la Aviación Naval de la Armada Argentina (ARA), la misma estuvo presidida por el Ministro de Defensa, Ing. Julio César Martínez, el Jefe de Estado Mayor General de la Armada, Vicealmirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur, el Comandante de Adiestramiento y Alistamiento, Vicealmirante VGM Carlos Enrique Aguilera y el Comandante de la Aviación Naval, Contralmirante Gustavo Vignale.

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Por tal motivo en la plataforma donde se realizaría la ceremonia se dispusieron estáticamente el Eurocopter AS 555SN Fénnec 0863/3-H-131, el Sikorsky UH-3H Sea King 0884/2-H-243, el Loockheed P-3B Orion 0869/6-P-53 y el Pilatus PC-6/B1A-H2 0686/G-2.

En la misma plataforma, pero un poco más alejados, también se encontraban las aeronaves que fueron empleadas para el traslado de autoridades e invitados especiales, estos eran, el Beechcraft 200 Super King Air 200 60168 “Eagle Five” afectado al traslado del Agregado Naval de la Embajada de los Estados Unidos, el Boeing Stearman N2S-5 y el Robinson 44 LV-BSN. Posteriormente hizo su arribo el Beechcraft 200 Super King Air 0745/1-F-43 que trasladó al Ministro Martínez y al Vicealmirante Srur.

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La ceremonia tuvo su inicio con el ingreso de las autoridades, tras ello se efectuó el saludo del Ministro de Defensa a los efectivos formados, dando paso a la incorporación de la Bandera de Guerra del Comando de Aviación Naval (COAN) a la formación. Luego la Banda de Música de la Secretaría General de la Armada ejecutó las estrofas del Himno Nacional Argentino. Seguidamente se dio lectura a las efemérides navales alusivas.

Posteriormente el Comandante de la Aviación Naval pronunció las siguientes palabras alusivas:

“El 11 de febrero de 1916 se crea, mediante un decreto presidencial, el Parque y Escuela de Aeroestación y Aviación Fuerte Barragán. Es este el mojón que dio origen al nacimiento de la Aviación Naval.

Esta crónica la escuchamos muchas veces y la evocamos, rigurosamente, durante cien años.

Este hito, no obstante, trasciende al mero formalismo de un documento. La verdadera significación trasluce la visión y la determinación del país y de la Marina por apostar a una capacidad que en esos momentos era considerada, por muchos, como un deporte para temerarios. Lo que hoy se nos revela como una obviedad se presentaba, en esos albores, como una ficción. Como una utopía sin propósito.

Un avión Farman de tela y madera, que rara vez superaba los cuarenta nudos y que no proveía prestación militar alguna, representaba para unos pocos, el primer paso en una evolución tecnológica que no conocería límites y que proveería a nuestra Flota de Mar de un complemento indispensable. La revista Scientific American, referente aún hoy de los avances tecnológicos mundiales, señalaba entonces: “Afirmar que el aeroplano va a revolucionar el combate naval es ser culpable de una salvaje exageración”. Sesenta y seis años más tarde, un día como hoy, la Marina argentina lanzaba un ataque aéreo misilístico que echaría a pique a la perla de la Flota británica.

La tela y la madera habían dado paso a cazas supersónicos, a imponentes exploradores y a versátiles helicópteros. El barro de Fuerte Barragán se transformó en cubiertas de acero. Los utópicos aventureros se convirtieron en profesionales obsesivos. La romántica pasión devino en doctrina y la Aviación Naval pasó de ser un anhelo a ser un componente vivaz, inquieto y presente.

Pero esta evolución histórica distó de ser lineal. Nuestro Centenario transcurrió plagado de avances y retrocesos. Momentos pujantes sucedieron a ciclos desalentadores. Porque visto en retrospectiva, los medios, la tecnología y los procedimientos no bastan para afirmar y motorizar una evolución. Los hombres y su compromiso son los que dan vida a un sistema, no importa cuán tecnificado.

La Aviación Naval creció en el seno de la Armada y su pasión por el mar. El mar ha sido, en definitiva, el que amalgamó todas nuestras virtudes y permitió definir nuestro perfil, nuestro carácter, nuestra esencia. Es el mar el que nos obliga a volar sin referencias, viendo sólo horizonte; es el mar que nos exige anavizar en cubiertas inquietas; es el mar el que nos desafía a encontrar submarinos en sus profundidades insondables; es el mar el que nos reta a buscar diminutos incursores ocultos en su imponente inmensidad. El mar nos moldeó el carácter; la Flota de Mar, nuestro propósito y nuestra identidad. Porque el mar también exige que nuestra Flota se mueva con naturalidad en un ambiente hostil, desolado e intrigante y que conviva con la principal amenaza para un marino en combate: la incertidumbre.

Los aviadores navales conocemos en carne propia esas limitaciones y esas fortalezas porque nos formamos con la Flota de Mar y la Infantería de Marina, en la misma cuna, bajo los mismos principios, compartiendo las mismas experiencias, las mismas escuelas y las mismas lógicas. Y es esa misma consustanciación la que permitió lograr un equipo entrelazado y armónico que a través de cien años generó procedimientos y doctrinas que sesudamente corrigió, actualizó y volvió a corregir. Hombres, medios, procedimientos y doctrina que le permitieron a la Flota mirar más allá del horizonte, lanzar sus armas más allá del horizonte, le permitió, en definitiva, junto con la Infantería de Marina y la Fuerza de Submarinos, poder proyectar su poder hacia mares y costas más lejanas, minimizar esa incertidumbre y contribuir con esa potencia que le da la integralidad, a la maniobra de nuestras fuerzas hermanas allí donde el accionar conjunto nos precise.

Cien años de historia merecen un rápido racconto. Exigen identificar hechos resonantes y hechos trascendentes.

En 1919, la misión aeronáutica italiana nos da nuestro primer impulso, donando un hangar y cinco aviones. Oytaben, Escola, Pouchan, Fitz Simon y el eterno Marcos Zar fueron algunos de nuestros primeros nombres propios y los que le aportaron la necesaria cuota de visión, coraje y audacia a esos precarios vuelos.

A fines del 19 llegan a Puerto Belgrano desde San Fernando y por ferrocarril, dos hidroaviones que ejecutan la primera ejercitación con la Escuadra de Mar. La joven aviación encontraba rápidamente su horma.

La tela y la madera alternaron luego con los globos. El Plata y el Cautivo se destacaron entre ellos y deambularon, imponentes, por los reacios cielos de la Patria pujante. Eran nuestros primeros exploradores, los primeros que lograron ver más allá del horizonte.

La primera mitad del siglo XX fue la que dio forma a nuestro joven componente distribuyendo sus esfuerzos entre Punta Indio y Puerto Belgrano.

Ya organizada y con medios más modernos, se pudieron ejecutar las primeras tareas de apoyo a la comunidad. Se destacan, entre muchas otras, los aviones Curtiss que en 1944 evacuaron heridos del terremoto de San Juan.

La presencia en la Antártida fue una de las directrices que la Marina priorizó para su brazo aéreo. Es de hecho en 1942, embarcado en el transporte “1 de Mayo”, que un Stearman 76 logra el primer vuelo en la Antártida amerizando con éxito en la Isla Decepción. Cinco años más tarde dos Catalinas unen por primera vez los dos continentes e inauguran la ruta del correo aéreo que duraría por muchos años más. Finalmente, en el ‘62, dos DC-3 navales llevarán por primera vez el pabellón argentino al Polo Sur en una operación tan apasionante como riesgosa.

Pero es en 1958 donde la Aviación Naval se prueba sus pantalones largos. La incorporación del portaaviones “Independencia” y su posterior reemplazo por el “25 de Mayo” le confieren un perfil de avanzada. La Marina juega, a partir de allí, en otros tableros. La proyección del poder se convierte en un hecho concreto y la Flota se rediseña en base a su buque capital.

La Guerra por Malvinas encuentra a una Aviación Naval consolidada. La apuesta de esas generaciones pioneras paga sus dividendos con capacidades decisivas. La paciente búsqueda de nuestros exploradores, la audacia de nuestro sostén logístico, la persistencia de nuestros aviones y helicópteros antisubmarinos y la efectividad de nuestros aviones y helicópteros de ataque, contribuyeron con acciones concretas al esfuerzo nacional. Neptune, Tracker, Skyhawk, Sea King, Alouette, Fokker, Electra, B200, Macchi, Mentor y Super Etendard, prestaron sus nobles controles a hábiles pilotos y meticulosos mecánicos para poner su parte en esa gran epopeya. Las bases y arsenales hicieron gala del concepto de apoyo logístico sin el cual ninguna de estas misiones habría sido posible. La retaguardia contó con militares y civiles tan compenetrados y comprometidos como sus pares en el frente.

La guerra sumó, también, más placas a nuestros cenotafios. Zubizarreta, Márquez, Benítez, Miguel, Barrios y Lobo son nuestros héroes más jóvenes y los que arriman perspectiva a los pequeños problemas. A ellos se suman camaradas caídos del Ejército y la Fuerza Aérea que con la misma pasión, el mismo patriotismo y la misma entrega, combatieron por nuestras queridas Islas. Nada más conjunto que la sangre derramada en combate. Vaya para ellos y para todos los muertos de nuestra Aviación Naval nuestro más sentido y conmovedor homenaje en este día.

La Aviación Naval ha procurado, a través de estos cien años, consolidar una estructura organizacional y operativa balanceada. Ha comprendido siempre que su misión fundamental es contribuir al poder naval y, con él, al instrumento militar de la Nación, sin individualidades ni elitismos.

La maniobra en el mar no admite prescindir de los ojos vigilantes de sus exploradores, de la defensa compacta y coordinada ante amenazas inciertas, ni de un puño profundo que pegue lejos y primero. Hoy, distintas Marinas del mundo realizan denodados esfuerzos para conformar aviaciones navales que provean a sus flotas, las herramientas imprescindibles para enfrentar escenarios cada vez más dinámicos y complejos. Nosotros sólo debemos preservarla y actualizarla.

Nuestros cien años de historia nos convirtieron en un componente compacto, proporcionado y especializado. Somos una fuerza pequeña pero imprescindible. El “marino que vuela” no es un slogan, es una forma de vida, es la esencia del trabajo en equipo, es la respuesta naval integral y es, finalmente, una necesidad táctica cuya ausencia se pagará en combate.

Debo, en este Centenario, reafirmar nuestro sentido y agradecido homenaje a los que hicieron posible esta Aviación Naval y que hoy nos honran con su presencia vistiendo su traje con el mismo orgullo que en su momento vistieron su uniforme. Gracias por estar siempre con nosotros.

Quiero que el final de estas palabras sean para el personal militar y civil “en línea de vuelo”. Los que hoy conducen los destinos de nuestra Aviación Naval.

Nuestros últimos años se han presentado más difíciles. Distintas inestabilidades contribuyeron a disminuir nuestro nivel de actividad y nuestro impulso transformador. Los jóvenes pilotos y mecánicos nos miran hoy con ojos inquietos, ávidos de formar parte de un futuro tan pujante como nuestro pasado. No lo duden. Ese futuro al que aspiran es posible.

El viento está rotando. Hay ya perspectivas, proyectos y realidades en el horizonte. Ya este año, y mucho más en los que siguen, las cosas van a empezar a ocurrir. Nos abrazaremos a estas propuestas con esa pasión que nos enaltece y denotando siempre que somos una Aviación de profesionales para una Marina de profesionales. Nuestro objetivo es el combate en el mar. Podemos discutir formas y propuestas; doctrinas y tendencias. Lo que nunca deberá ocurrir… es que no estemos listos.

Todas las épocas dejan sus improntas y sus enseñanzas. Hoy nuestros Comandantes se esfuerzan aún más de lo que lo hicimos nosotros, nuestros jóvenes pilotos y mecánicos exprimen cada hora de vuelo, cada manual y cada operativo para ser, con mucho menos, lo que nosotros fuimos con mucho más. No es sólo mi generación y las anteriores las que me transforman en optimista, son las que siguen y son éstas las que hoy nos desvelan y comprometen.

La Aviación Naval ha tenido una historia cautivante, pero que esa historia no les pese, que no los inmovilice. Son principios de la guerra, si nos encontramos inmovilizados cambiaremos de posición y asumiremos los riesgos. Si no tenemos masa, tendremos maniobra. Actitud, valores militares, austeridad y profesionalismo. Esa es la combinación que nos asegura un futuro.

Nuestros cien años no valen por lo que hicieron quienes tuvieron todo, valen por aquellos que pujaron teniendo sólo barro, tela y madera.

No se inquieten por los cien gloriosos años que pasaron. Inquiétense sí, por los cien gloriosos años que tenemos por delante.

Feliz Centenario y que Dios nos ilumine a todos.”

Fuente: Gaceta Aeronautica

 

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